Detrás de los mostradores de las ricas loncherías, bares de última y cómodas cafeterías tan populares en la Misión están los trabajadores de bajos ingresos que se dedican a picar la comida y preparar los cafés.

Muchos han trabajado bajo salario mínimo durante años, pero eso podría cambiar en noviembre cuando los votantes depositen su voto para decidir si se debe o no aumentar el salario mínimo de $10.74 la hora a $15 para el 2018.

Mientras tanto, nos hicimos la pregunta de cómo se las arreglan los trabajadores de la Misión en una de las ciudades más caras del país y para averiguar qué piensan del próximo plebiscito. Haremos una serie de artículos sobre los trabajadores de sueldo mínimo y sus familias.

La mayor parte de la gente con la que hablamos depende de vivir con su familia o de compartir el costo de la renta con compañeros de piso. A menudo, trabajan en el barrio pero viven afuera de la Misión. Ahorrar para quedarse un día en la casa, una emergencia médica o la universidad es difícil.

“Es difícil pero está bien”, dijo Julio López quien trabaja a salario mínimo en Jay’s Cheesesteaks en la calle 21, cerca de Valencia y de una taquería. López trabaja 60 horas en el transcurso de seis días a la semana. López vive con su familia en las afueras de San Francisco en lo que casi llega a ser Daly City. López comentó que ha intentado vivir en otras áreas pero que es la gente lo que hace un lugar y no le gustaría irse porque extrañaría la comunidad latina.

Ana Mejía, una mujer de mediana edad que sirve comida en Las Tinajas a salario mínimo, comparte la renta con su familia en la Misión. Aunque no quiso compartir su opinión sobre el posible aumento al salario mínimo, sí expresó que ganar más podría permitirle comenzar a ahorrar, algo que no es posible con el ingreso que actualmente gana.

Los trabajadores más jóvenes tienden a ser optimistas sobre sus ganancias. En Sidewalk Juice, Coloy de Guzmán comentó estar bastante satisfecho con su trabajo a salario mínimo.

“Hace poco compré un auto”, dijo orgulloso. “Simplemente hay que trabajar duro”.

No obstante, de Guzmán nació en la ciudad hace 20 años y tiene la ventaja de vivir con su familia en SoMa, en donde no paga renta. Esto significa que puede usar sus propinas, lo que puede llegar a ser entre $10 y $20 al día, para el gasto diario y ahorrar lo que le queda.

Yoselin Martínez Xonthe, de 18 años de edad, está en una situación parecida. Martínez Xonthe trabaja en Xanath Ice Cream en la calle Valencia durante nueve horas. Martínez Xonthe estudia enfermería y vive con sus padres. Martínez Xonthe sabe que sería una situación más difícil si tuviera que pagar renta.

A unas cuadras de ahí, Rocío Zaragoza está casi en la misma situación que Martínez Xonthe. También de la misma edad, el trabajo de Zaragoza consiste en sostener un gran anuncio de publicidad en la esquina de las calles Misión y 21. Zaragoza hace esto alrededor de cinco horas al día, tres veces a la semana. Después de haberse graduado de la preparatoria Misión, está intentando ganar un poco de dinero para poder asistir a la Universidad Estatal de San Francisco para estudiar enfermería. Zaragoza vive con sus padres y la mayor parte de su salario es para asegurar un lugar en la universidad. Para ella es un buen trabajo, dijo, y gana “buen dinero”, comentó.

Para los que ya están en la escuela, los trabajos de salario mínimo no siempre parecen ser igual de generosos.

Si comenzara a ganar $15 la hora en lugar de lo que gana ahora, Carla Vásquez, quien trabaja en La Rondalla, comentó que las cosas estarían “mucho mejor”.

“Con $10 dólares la hora hay que trabajar y el costo de la renta, transporte, comida… ¿cómo esperan que podamos pagar la cuenta del teléfono?” preguntó. “Es un poco difícil, es duro”, concluyó.

Vásquez está trabajando para obtener un título en educación general en Skyline College y vive con compañeros de piso en el centro de San Francisco. Algunas veces, dijo, no tiene dinero para comprar comida o tiene que gastar sus ingresos en libros de texto.

Raúl Ruiz, un estudiante en la Universidad Estatal de San Francisco, está estudiando para adquirir una maestría en narrativa y trabaja medio tiempo en la librería Dog Eared Books. Ruiz vive en el Excelsior, en donde renta un cuarto en una casa. Ruiz gana un poco más que el salario mínimo. Si su salario aumentara a $15 la hora, dijo, sería un poco mejor, pero “la verdad no me puedo quejar”.

Además, Ruiz tiene la ventaja de recibir una remuneración de la universidad.

En La Rondalla, Baltazar Tirado es un colega de Vásquez que lleva más tiempo en el restorán y ha trabajado en la cocina durante 17 años. Tirado parecía frustrado con lo rápido que se gasta sus ingresos. Tirado vive en la Misión, en donde renta un cuarto en una casa que comparte con compañeros de piso. Su casa tiene un baño, pero no cocina.

“Nadie está contento con salario mínimo”, dijo. “Mucho menos yo”.

Y no es el único. Los trabajadores de salario mínimo en la nación han protestado la deficiencia del salario mínimo.

No obstante, Tirado no está de acuerdo con el aumento al salario mínimo y teme que todo se hará más caro como resultado del aumento a los salarios de los trabajadores. Entre pagar renta, comida y otras necesidades, Tirado declaró que no le queda nada incluso si le pagaran más. En lugar de eso, le gustaría ver que el costo de vida disminuyera para que el dinero que tanto le cuesta ganar pudiera valer más.

Leonor Noguez tampoco cree que es una buena idea el aumento al salario mínimo. Noguez ha estado trabajando en La Taza desde hace 16 años, pero todavía gana menos de $15 la hora; además, declaró que ella y sus compañeros trabajadores en La Taza “se merecen un aumento. Los trabajadores latinos en especial porque hacemos los trabajos que nadie más quiere hacer”.

Sin embargo, Noguez declaró que no le gusta la idea de nueva contratación de gente, quienes pueden no tener mucha experiencia y que pueden ser lentos, y que podrían obtener más dinero más rápido de lo que a ella le tomo años trabajar para ganar más. No obstante, si ganara $15 la hora, podría ahorrar para su jubilación. O tal vez para una vacación, agregó, lo que la haría la primer trabajadora que entrevistamos en mencionar algún tipo de lujo.