El viernes por la noche, dos pequeños niños jugaban videojuegos en el cuarto de la parte de enfrente de la casa ubicada en la esquina de las calles 23 y Shotwell cuando escucharon los disparos. Eran las 7:22 p.m.

“¡Sálganse!” les gritó su abuela antes de apurar a los niños a la parte de atrás de la casa. Al escuchar a la gente gritar por ayuda, la mamá de los niños corrió afuera sólo para encontrarse con un grupo que rodeaba a la víctima de 39 años de edad, y quien después fue pronunciada muerta en el Hospital General de San Francisco a causa de lesiones por balazos. La víctima ha sido identificada como Ronald Monzon, de Newman, informa el SF Examiner.

Que dicho incidente violento haya sucedido tan temprano por la tarde, en un momento en el que era probable que la gente estuviera afuera, ha dejado a muchas personas nerviosas en un área en donde viven muchas familias.

“A menudo estoy de regreso alrededor de esa misma hora después de recoger a mi hija”, dio la mamá, quien pidió que no se le identificara ya que la pequeña describió el ruido de los balazos.

“Los niños están afuera a esa hora”, dijo Máximo, cuya familia vive sólo a unas puertas de distancia de donde se encontró a la víctima. Cualquier persona estaría asustada, dijo.

Otros vecinos recuerdan haber escuchado seis disparos y luego un choque de autos. Después del disparo, la víctima, quien había estado manejando por la calle Shotwell, chocó contra un Honda blanco estacionado en la esquina de la calle 23.

Teresa, una vecina, dijo haber escuchado otro auto acelerar poco después de los disparos. Para la noche de viernes, la policía todavía no podía brindar una descripción del sospechoso ni el móvil del tiroteo.

Los familiares de la víctima estaban buscando respuestas el sábado por la mañana al hablar con los vecinos que se reunieron enfrente del funeral improvisado junto a dos autos chocados que permanecieron en el lugar de los hechos. Las manchas de sangre todavía se podían ver en la calle.

Un vecino colgó flores y un letrero que decía no más violencia en un poste de una señal de tránsito que ya tenía la foto de Reynaldo Cordova de 26 años de edad y quien fue asesinado en la Misión el pasado mes de octubre. El homicidio es el segundo de este año en el Distrito de la Misión, después de la muerte de Richard Sprague a finales de febrero.

Roger Marenco se arrodilló en el lugar de los hechos, tomó fotografías del daño hecho al auto de su hermana —el Honda blanco que recibió el choque después de la balacera. Su sobrina de seis años de edad, que vive con él a tan sólo puertas de distancia, estaba de pie a su lado.

El auto chocado en la calle Shotwell y 23.

“Ella estaba en la casa. Ella escuchó cuándo sucedió”, dijo Marenco. “Ella vio la sangre en la calle. Es escalofriante, en especial por lo joven que es. No debería estar expuesta a este tipo de incidente”.

Erika McDonald, quien también vive en la misma calle, no escuchó los balazos pero estaba cenando con su familia cuando sucedió el homicidio. McDonald tiene una hija de cuatro años de edad que asiste al preescolar en el barrio y a quien lleva al Parque Niños Unidos que está a una cuadra de ahí.

“Uno no quiere quedar atrapado en el fuego cruzado”, dijo MacDonald.

El homicidio sucedió justo un día después del apuñalado que hubo en la calle Oakwood a las 6:30 de la tarde entre las calles 18 y 19 que dejó a dos jóvenes en una condición de salud delicada. Los vecinos de la calle Oakwood estaban igual de perturbados por la violencia de media tarde.

José Vargas vive en la calle Oakwood y tiene dos hijas. Vargas reconoció que la violencia existe en la Misión, pero no parecía ser tan aparente como hasta hace poco. Su vecino de a lado era Sprague, el hombre que falleció el mes pasado después de haber estado gritando por ayuda y nadie acudió. Además, el jueves Vargas regresó a casa justo después de las 6:30 de la noche sólo para haber visto que su cuadra estaba llena de policías.

“Es perturbante y alarmante”, dijo Vargas.

Al día siguiente todavía había sangre en la calle.

Cuando Alina regresó a las calles 23 y Shotwell cerca de las nueve de la noche anterior tuvo que ser acompañada al pasar por entre la cinta policial a su casa; ella también estaba perturbada. El auto de la víctima, quien Alina dijo que la policía se había llevado alrededor de la media noche, todavía estaba en la calle.

“La policía apuntó su linterna al auto que estaba ahí y que estaba cubierto de sangre”, dijo Alina, quien estaba evidentemente muy nerviosa y quien ha vivido en la Misión desde diciembre.

Tanto ella como otros vecinos no tienen esperanzas de la violencia en el barrio.

Marenco, cuya hermana es la propietaria del Honda blanco, dijo haber intentado asegurarse de que sus hijos estén adentro antes de que caiga el sol. No obstante, incluso eso pueda no ser suficiente si la violencia comienza a suceder tan temprano.

“Esto no es un barrio tranquilo”, dijo la abuela de los niños que estaban jugando cuando los balazos se dispararon. “Este tipo de cosas sucede todo el tiempo”, dijo y agregó que ha presenciado eventos violentos parecidos en el pasado.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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