En un martes de diciembre por la mañana, un grupo de cinco padres de familia se reunió en una sala de la primaria Bryant —en donde había una mesa con botes de leche, salsa picante y pastelitos— para aprender a leer la información académica escolar.

Las cuatro mamás y el papá que estaban presentes no estaban contentos.

Se dieron cuenta que ni siquiera un alumno de segundo año estaba a nivel avanzado de lectura y redacción. Y lo que es más, el puntaje del Índice de Rendimiento Académico de la Escuela Bryant —uno que mide el rendimiento escolar con base en pruebas estatales— era de 696, cuando el objetivo es de 800.

“¡Estamos tan bajo! Tenemos que trabajar más duro” contestó Ana Montoya.

Mónica Ramírez, una mujer de voz suave que es de México, ofreció un poco de consolación.

“Pero estábamos peor antes”, dijo en referencia al puntaje API de la escuela de 642 en 2007-2008. “Estamos tratando”, dijo otra mamá.

Es eso lo que estos padres de familia están haciendo. Este grupo en particular se reúne una vez al mes en Bryant para tomar una clase dirigida por Jamilah Campbell Sánchez, quien es de la organización de Padres de Familia para Escuelas Públicas de San Francisco. Sin embargo, no sólo sucede aquí: en cada una de las seis escuelas de la Misión que están tratando de mejorar, y las cuales ahora tienen abundantes fondos gracias a un Subsidio de Mejora Escolar, los padres de familia se reúnen en salas y en aulas vacías para aprender a cómo convertirse en defensores de sus hijos.

La idea es que educar a los padres de familia hará que sean más activos en sus escuelas, que exijan más del distrito escolar y que sean de más ayuda para sus hijos.

Con la dirección de Sánchez, los padres de familia reciben ocho lecciones en las que pueden aprender a leer gráficas de barras de los puntajes de pruebas, de dónde proviene el presupuesto de la escuela y cómo explicar la terminología educativa.

La clase se llama Dirección Escolar, y está diseñada para padres de familia que actualmente participan, o quieren participar, en el Concejo de Sitio de cada escuela —un cuerpo directivo compuesto del personal escolar, padres de familia y otros miembros de la comunidad.

Los Concejos de Sitio Escolar tienen un gran trabajo: Entre otras cosas, analizan la información de los alumnos, le ayudan al director a desarrollar un plan académico y a aprobar el presupuesto escolar antes de que se presente ante el distrito para su revisión. Es por esto que los padres de familia necesitan estar bien informados antes de postularse para un puesto en uno de los concejos, los cuales pueden variar en número —hasta 16 en algunas escuelas.

No obstante, los lugares en el concejo son sólo una posibilidad. Las clases están abiertas a los padres de familia de todas las escuelas, dijo Annie Bauccio, directora ejecutiva interina de Padres de Familia para Escuelas Públicas.

Las clases cubren otros temas, como explicarle a los padres de familia cómo se gasta el dinero de la escuela y si el presupuesto actúa o no a favor de los mejores intereses de los niños.

Ramírez, quien tiene un hijo que asiste a Bryant, no participa en el Concejo de Sitio de la Escuela pero de todas formas viene a las clases. Uno no puede ayudar a sus hijos a tener éxito si uno no está informado, precisó.

Aunque los Padres de Familia para Escuelas Públicas ha existido desde 1999, esta clase comenzó el año pasado escolar en las escuelas de la Misión gracias a los $70,200 dólares provenientes del millón de dólares del distrito para Subsidio de Mejora Escolar del estado.

Lo asignado del distrito es separado de los $45 millones de dólares del Subsidio de Mejora Escolar que se repartió en escuelas de la ciudad que están batallando. El subsidio estatal se puede usar en asociaciones entre todas las escuelas de bajo rendimiento.

En la Misión, Sánchez enseña en español casi siempre en las escuelas Bryant, Everett, César Chávez, Buena Vista Horace Mann, John O’Connell y la Preparatoria Misión.

Antes del recién recibido financiamiento, los Padres de Familia para Escuelas Públicas habían estado ofreciendo dos talleres para padres de familia: uno sobre los Comités Consejeros para Quienes Aprenden Inglés en las escuelas, el cual aboga por servicios a favor de quienes están aprendiendo inglés, y un compromiso fomento para padres de familia —por ejemplo, alentar a los padres de familia a que organicen actividades dentro de un club de padres de familia, dijo Bauccio.

Los dos talleres se llevan acabo en las escuelas de la Misión, pero hoy día, con la nueva clase de Dirección Escolar, la organización ha podido hablar con más padres de familia.

Con más padres de familia informados significa que hay más de ellos que se acercan a los directores para pedir una capacitación adicional de lectura para sus hijos; les preguntan a los profesores los estándares académicos que sus hijos deberían cumplir; y cuestionan por qué los alumnos no aprenden a leer apropiadamente a redactar.

“Llegan con preguntas inteligentes, usan el lenguaje que aprendieron en las clases”, dijo Christina Velasco, directora de Bryant —preguntas sobre qué aprenden los alumnos, sobre el presupuesto escolar y que elementos implica tener un equipo de padres de familia.

Y lo que es más, Sánchez ha podido ofrecer consulta adicional para reuniones con padres de familia sobre cómo aumentar la participación de padres de familia. Sánchez ha mediado en conflictos entre miembros del Concejo de Sitio de la Escuela en César Chávez e incluso ayudó a crear un nuevo Concejo de Sitio Escolar en Buena Vista Horace Mann, en donde había tensión entre dos concejos que habían existido en cada escuela —Buena Vista Horace Mann— antes de que el año pasado se fusionaran.

Los retos persisten. El más grande, dijo Sánchez, es reclutar a padres de familia y asegurarse de que vengan a las clases. La asistencia varía entre cinco y 15 padres de familia, dependiendo de las circunstancias como qué día de la semana es. “Ojalá que más padres de familia vinieran”, dijo en referencia a la sesión de información escolar de lectura en Bryant, en donde asistieron alrededor de 240 alumnos.

Una de las razones principales de la baja asistencia entre padres de familia es que a menudo, el trabajo entra en conflicto con la hora de clase. Sin embargo, Sánchez está tratando de ver cuál es la mejor hora en cada comunidad escolar.

Otra de las razones tiene que ver con qué tan eficiente son los miembros del personal escolar que actúan como enlaces con los padres de familia. Aunque algunos publican inmediatamente información sobre las capacitaciones, muchos están muy ocupados con otros trabajos por lo que “no todos están al pendiente”, dijo Sánchez.

Así que, mientras ella hace volantes y se los manda por correo electrónico a los que actúan como enlace, algunos olvidan ponerlos en las cajas de los profesores para que los distribuyan en la clase, u olvidan arreglar el marcador automático para hablarle a los padres de familia.

Algunas veces, los padres de familia simple y sencillamente se olvidan. Pero los que sí asisten, encuentran valor en las sesiones.

“Uno no sabe estas cosas”, dijo Ramírez. “¿Qué está haciendo la escuela para mejorar el nivel de educación, para cambiar las cosas?”

Hoy día se siente fuerte como para hablar. También Montoya. “Esto me da la fuerza para ayudar”, dijo. “Nosotros los padres de familia tenemos los mismos derechos qu todos los demás. No deberíamos sentirnos inferiores ante los demás”.

La directora Velasco está de acuerdo. “Profundiza su entendimiento y su confianza”, dijo. “Lo que piensan es: Esto es para todos nosotros”. Y actúan como líderes en la comunidad de Bryant: ‘Los padres de familia atraen a padres de familia’”, dijo.

“Si no estuviera aquí, no sabría que hay un SIG [un subsidio de mejora escolar, por sus siglas en inglés] que paga por tutores para que ayuden a nuestros hijos”, dijo María Rosales, quien tiene un hijo en tercer año en Bryan.

La revelación más grande, dijo Sánchez, es cuando ven los datos estudiantiles de la escuela. “Dicen ‘whoa. Estamos en este punto’”.

Ese fue el caso en Bryant. “Uno ve los puntajes y puede preguntar: ‘¿por qué están bajos?”, le dijo Sánchez a la clase. “Como padres de familia, tenemos el derecho a saber eso”.

Hacer a la gente responsable, dijo. Haga preguntas: ¿me puede dar una copia de las normas estatales para que esté conciente de lo que mi hijo debe saber en cada año? ¿Cómo es que el programa después de la escuela se asegura de que mi hijo logre sus metas?

Cada pregunta que hagan, precisó, debería ser para apoyar, monitorear o defender la educación de sus hijos. “¿Qué preguntas van ustedes a hacer?”, les dijo.

El trabajo de los alumnos aquí en Bryant los afectará después —en la secundaria, en la preparatoria y por el resto de sus vidas.

“Gracias por esta información. Esto es más de lo que teníamos antes”, dijo el papá en el grupo, Leonel Rodríguez.

Hacerle saber a los padres de familia lo que deben saber es la meta principal de Sánchez. “La falta de información es muy grande”, dijo, y las clases “le permiten a los padres de familia tener una voz activa en la educación de sus hijos y ser parte de la reforma, en especial en estas escuelas”.

“No podemos permitirles que dejen a sus hijos en la escuela y crean que todo va a estar perfecto, porque no es así. Tienen que abogar por sus hijos”.

Para Rodríguez, quien tiene un hijo de seis años de edad en Bryant, el efecto de estas clases es sencillo: “si los padres de familia no usan su voz, todo seguirá igual”.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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