La intersección de las calles 17 y Capp no es una vista bonita. Está llena de basura con bolsas vacías de Cheetos, latas de Red Bull, condones Trojan y la ocasional aguja de heroína.
“Es un barrio malo”, dijo Max Marttila, instructor y muralista en el Centro de Artes de Mural Precita Eyes. “Hay prostitutas que caminan toda la noche”.
Y también hay graffiti —mucho. Los negocios ubicados en la intersección lidian con el costo de la limpieza. Hoy día, hay un mural en construcción en los muros del espacio artístico Engine Works, el cual pueda ayudar a eliminar el graffiti aunque no se ha ganado la aprobación de los artistas que ocupan el espacio.
El Graffiti Dura Días
“Somos personas que tienen que cubrir el graffiti, con nuestro dinero y tiempo”, dijo Jennifer Bromme, propietaria de Werk Statt, un taller de motocicletas.
El graffiti, dijo Ed el compañero de trabajo de Bromme, es “exactamente lo que la Misión no necesita”. Él llama a los rayones “basura visual —ahí no hay arte” y lo comparó con orinar en la calle.
Los negocios cerca de ahí, Twin Brothers Auto Glass, un taller automovilístico de servicio, lidia con el mismo problema. “El propietario tiene que pintar [el muro de graffiti] hoy y mañana”, dijo Héctor Galarza, quien barría las hojas del piso.
Los muros de Engine Works son los que más reciben graffiti en la intersección. El graffiti se ha hecho tan común que a los artistas adentro no les deja otra opción más que cubrir los rayones. “Sólo es algo que se tiene que hacer”, dijo el artista de Engine Works, Sam Ferguson. “Lo he acogido como parte de la cultura”.
Bienvenidos Sean Los Jóvenes
No obstante, su cultura está a punto de cambiar. El propietario de su edificio decidió que era hora de ponerle fin al graffiti en sus muros. Se acercó a Precita Eyes con la idea de crear un mural a lo largo de las paredes de Engine Works. Quería uno hecho por jóvenes, con un tema multicultural.
Precita Eyes estuvo de acuerdo. La organización acudió a su Programa de Artes Urbanas para Jóvenes. El programa es “para muchachos que no tienen una salida para la energía y el talento potencial que tienen”, dijo Eli Lippert, coordinador del programa y muralista.
Para este proyecto, los jóvenes tomaron esa energía y talento y lo pusieron en acción. “Investigamos diferentes tipos de patrones, como indios, árabes y hawaianos”, dijo José, de 17 años de edad, un participante que también va por el nombre de Sonie. Además, integraron motivos culturales y símbolos.
“Se hacen concientes, lúcidos y creativos”, dijo Fred Alvarado, instructor y muralista con el programa para jóvenes. “Preguntan: ‘¿Qué es Ganesh, en donde está la India?’”
A partir de ahí floreció el diseño final. Uno con mariachis mexicanos, flores de jamaica hawaianas, cabezas antiguas aztecas y kafias palestinas que se mezclan entre sí para representar unidad. Se incorporaron patrones urbanos, incluyendo muros de tabique, alambre de púas y ventanas rotas que indican un final a las barreras.
Los jóvenes se aseguraron de darle un giro a su diseño. En el mural, un hombre lava oro en un sombrero de los 49ers. “Le da importancia a San Francisco”, dijo Marttila.
No Fue De Su Gusto
Los jóvenes han estado pintando desde hace ya unas semanas en los muros de Engine Works, los cuales miden 130 pies de ancho y 10 de alto. Sin embargo, algunos artistas de Engine Works desean que las cosas hubieran salido diferente. “Nosotros hubiéramos muy bien haber pintado este mural”, dijo el artista Sam Ferguson de Engine Works.
Asimismo, no se siente contento con lo que el mural representa. “La Asociación de Murales de la Misión o quien quiera que esté a cargo de estos murales necesita dejar de ilustrar el multiculturalismo en todos y cada uno de los murales”, dijo. “Se está haciendo monótono”. Ferguson opina que esperaría que San Francisco, por ser un lugar creativo, se saliera del molde. “Hay más lugar para la creatividad”.
A algunos, como Bromme, ni siquiera les gusta la idea de tener que usar el arte para eliminar el graffiti. Aunque le gustan los murales en general y está contenta de ver uno del otro lado de la calle, ella no ve al mural como una solución para evitar el graffiti. “No debería tener que pintar un mural para detener el graffiti”, dijo. “Sólo quiero un muro limpio” y agregó que “¿vamos a tener que tener murales por toda la ciudad?”
Para algunos, como Víctor Pérez, propietario de Twin Brother Auto Glass, creen que el mural puede ayudar a que no haya graffiti. En realidad, Pérez dijo que si nota menos rayones considerará un mural en su cochera.
Pensamiento Esperanzador
Eso no quiere decir que no rayarán el mural.
Ferguson cree que es una posibilidad, pero “no será tanto, lo cual es agradable”, dijo. Marttila está de acuerdo: “tenemos una buena reputación con la mayoría de los artistas de graffiti. Todavía estamos jóvenes y queremos saber quiénes son los que rayan”, dijo a manera de broma. “Sí, vamos a llamar a sus mamás”, agregó Sean Vranizan, artista local y voluntario en este proyecto.
Pero algunos tienen esperanza. “Si el mural está bien hecho, no lo rayarán”, dijo Ed. “Pero si no, entonces lo rayarán”.
Eso no quiere decir que resolverá todos los problemas de la intersección. “Si hay un mural ahí”, dijo Bromme al señalar el otro lado de la calle, “entonces nos van a rayar a nosotros en su lugar”.
Por el momento, los vecinos están contentos de ver cualquier cosa menos rayones.
Pamela G., quien vive a la vuelta de la esquina, dijo que podría detenerse por el mural todos los días. “Es agradable ver el trabajo y hablar con los artistas”, dijo con una gran sonrisa en la cara.

Otros hacen lo que Pamela desearía hacer. Una pareja de más o menos 25 años de edad pasan por el mural y se detienen unos minutos en silencio mientras se sostienen de la mano y observan a los artistas. Otro hombre bebe un Gatorade naranja hasta que casi se lo acaba y observa cada pincelazo que dan los muralistas. Un hombre de 20 años de edad más o menos, se agacha cerca de Lippert y le hace una seña con los dedos pulgares mientras su amigo le toma una foto.
Los turistas hacen los mismo que los locales. “Acabamos de salir de BART”, dijo Michele Leblonc, ex-residente de la Misión con una cámara colgando del cuello. “Esto es maravilloso”, dijo mientras observaba maravillada. “Esto es lo que extraño de la ciudad”.
Haciendo Cosas Más Importantes Con el Arte
Los artistas comparten la emoción de Leblonc. “Siempre he querido pintar un mural”, dijo Cathi Picconi, una residente de la Misión de mediana edad. “Pero siempre me convenzo de no hacerlo”. Pero, no esta vez. “Aquí está mi oportunidad”, dijo mientras veía la cubeta llena de pinceles.
“¿Qué puedo hacer?”, preguntó Picconi. Alvarado le da una retícula y un poco de carbón. Rápidamente se sitúa en el piso y comienza a imitar lo que ve en la retícula. “Voy muy lento”, dijo. “No, vas muy bien”, le aseguró Alvarado.
Los artistas experimentados también quieren participar en el proyecto. “Estaba completamente dispuesto a ayudar”, dijo Vranizan, quien llegó en su patineta y traía un gorro café. “Me encanta que esté relacionado con los jóvenes y el arte”.
José, un joven participante, opinó que si no estuviera pintando hoy estaría en casa jugando videojuegos. “Se siente bien conocer a gente nueva —gente mayor— y llegar a conocerlos bien”, dijo desde la parte de arriba de una escalera, con un pincel en mano y pintura en la otra.
Otros jóvenes se enfrentan a retos de motivación. “¿Si va a venir tu amigo?” le pregunta Alvarado a José. “Sí, va a venir después”, dijo José y asintió con la cabeza.
Cuando los jóvenes no llegan, los maestros no se molestan en llegar al rescate. “Cuando nadie viene, uno sigue trabajando”, dijo Alvarado mientras mezclaba sus líneas de carbón con su dedo índice. “No todo es de dar. Yo también tomo un poco”, dijo con una ligera sonrisa.
Alvarado y otros instructores hacen que el proyecto avance. “Algunas personas tienen más propiedad que otros”, precisó. Como José, quien fue el primer participante joven en llegar al lugar.
Además, el comportamiento de José es el motivo de este programa: enseñarle a los jóvenes a ponerse metas y lograrlas, tanto en el arte como en la vida. “Se salen de esa mentalidad de bloqueo”, dijo Alvarado al referirse a que dejan su barrio y comienzan a ver que hay más en la vida.
José estuvo alguna vez en libertad probatoria, pero cuando su agente se dio cuenta del mejoramiento, le ayudó a conseguir un trabajo en City Youth Now, una organización con programas y servicios que motivan el crecimiento personal. Ese programa llevó a José a Precita Eyes. “Me di cuenta de que podía hacer cosas más grandes con el arte”, dijo envuelto en una sudadera gris. “Como el diseño de ropa y ser exitoso con el graffiti”.
¿Su próxima meta? “Tener mi propia clase, enseñarle a otros jóvenes y tener mi propio local”. También ha ayudado el hecho de que ha participado en otros murales —uno en Balmy y la 24, y otro en Potrero y la 17.
Hace poco, solicitó el programa de Gateway to College para ponerse al corriente con los créditos de preparatoria. “Ayer me llamaron para una entrevista”, dijo intentando esconder su sonrisa. Parte de su éxito lo atribuye al arte.
“El arte ha cambiado mi vida”, dijo al recordar y darse cuenta del impacto. Y tal vez su ayuda en este proyecto traerá nueva vida a la intersección de las calles Capp y 17.


