El tecladista se acerca al micrófono para comenzar el siguiente verso. Un hombre de playera azul abotonada grita y brinca en su lugar, sus brazos levantados encima de la cabeza. Mientras tanto, una mujer mayor con lentes de armazón grueso se acerca al escenario y se mueve con el ritmo. El resto de la congregación de 50 personas canta y grita en español cuando la canción llega a su clímax. Luego, la música se detiene. Esto no es un concierto de rock.

Bienvenido a Jesucristo es el Señor, un local para la iglesia Pentecostés en el 2160 de la calle Misión, en donde los lamentos, aleluyas y adoradores que hablan en lenguas llenan el espacio entre las canciones.

“Los no creyentes nos llaman fanáticos locos”, dijo el Pastor Santos Gómez. “Pero nosotros sabemos que este sentimiento proviene de Dios, por eso todo mundo está aquí”.

La congregación está en su mayoría compuesta de inmigrantes guatemaltecos y mexicanos de los distritos de la Misión y el Excelsior. Aunque dichas poblaciones han disminuido en la Misión, las iglesias siguen fuertes, con más de una docena que siguen en el barrio.

Resulta ser que Jesús todavía está en alta demanda en la Misión, dijo el Pastor Bobby Singh, quien dará el sermón esta noche.

“Esta área necesita mucha oración”, dijo Singh. “Hay muchas drogas, es un lugar difícil”.

Algunos miembros de Jesucristo son ex-drogadictos o víctimas de violencia intrafamiliar. Todos ellos son parte de la comunidad pentecostés, la rama en más rápido aumento del Cristianismo en el mundo. Esta iglesia ha estado abierta durante tres meses y ya tiene una gran cantidad de seguidores, dijo Gómez. Incluso así, algunos vecinos se preguntan si existe la necesidad de otra iglesia pentecostés cuando ya hay una a menos de una cuadra de distancia.

“Algunas personas [en el barrio] son críticas porque no producimos nada”, dijo Singh. “Pero estamos trabajando en conseguir un permiso y tenemos todo el derecho de estar aquí”, precisó.

Gómez escogió la ubicación porque está cerca de la estación de BART de las calles 16 y Misión. Los drogadictos y prostitutas que caminan por ahí cada noche necesitan que se les acoja, dijo. Pero, ¿cómo es que hablar en lenguas podrá curar a un drogadicto o convencer a una prostituta de que haga algo diferente? Singh declara que se trata de darle a la gente un espacio para que se exprese.

“Algunas veces la gente dice: ‘¿por qué gritan?’”, admitió. “Uno no quiere detener eso… les enseñamos a vivir una vida llena de alegría y emoción”.

Asimismo, la comida y la cultura juegan papeles únicos en iglesias como esta. Cada noche, algunas mujeres se reúnen para preparar comidas caseras para todos los que asisten. Esta noche hay enchiladas. Mientras el sermón llega a su final y pasan las cajas de Kleenex, Dilcia Sánchez, de 30 años de edad, fríe tortillas y corta los últimos pedazos de zanahoria en la sala trasera.

“Estamos aquí para los menos afortunados”, dijo Sánchez, de 30 años de edad, mientras sostiene a su bebé en un brazo y voltea con la otra mano las tortillas en un sartén con aceite.

“La gente viene aquí vacía y se van llenas de amor”, agregó su amiga Ana Hernández, de 35 años de edad, mientras le daba a su bebita unos Cheetos picosos.

Mientras apilan las sillas al final de la noche y una mujer aspira los pedazos de carne y queso de la alfombra, Sánchez por fin se sienta a disfrutar las enchiladas que ayudó a preparar. Al final, todo se resume a la comunidad, dijo.

“Esto es una familia, todos somos hermanos y hermanas aquí”, dijo con la boca llena.

Follow Us

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

Leave a comment

Please keep your comments short and civil. Do not leave multiple comments under multiple names on one article. We will zap comments that fail to adhere to these short and easy-to-follow rules.

Your email address will not be published. Required fields are marked *