A la gente le gusta hablar con sus vecinos, pero también está aterrorizada de sus vecinos. Desde tiempos inmemorables los sociólogos, antropólogos, urbanistas, políticos, organizadores de la comunidad y aquéllos que quieren tener quermeses en el barrio han tratado de entender y solucionar dicho fenómeno. Hay que añadir a la lista la nueva aplicación para iPhone que se llama Blockboard.
“Casi nunca queremos ser amigos de nuestros vecinos”, dijo el cofundador de Blockboard, Stephen Hood, “porque no podemos escaparnos de ellos. Pero es un gran problema que se nos haya olvidado cómo hablar con la gente de a lado. Creemos que la tecnología puede jugar un papel en ayudarnos. Los teléfonos inteligentes pueden ser una forma de volverse a comprometer con el barrio”,
La Misión virtual data de, por lo menos, los días de FidoNet y Little Garden cuando Tom Jennings se quedó sin espacio de oficina en las calles 16 y Misión.
Sin embargo, FidoNet se creó en parte porque Jennings quería mantenerse en contacto con un amigo en Baltimore, y el Internet se trataba de la creación de barrios que no se veían limitados a la ubicación física. Al permitirle a la gente comunicarse entre sí sin importar la distancia, el Internet le ayudó a encontrarse a sí mismo en barrios relacionados a lo perverso, raro, quehaceres y relación social.
Blockboard es parte de una nueva generación de aplicaciones de teléfonos inteligentes para volver a introducir las limitaciones de la proximidad al mundo virtual. Los sitios regionales como Everyblock, con base en Chicago, hacen uso de un conjunto parecido de información, pero no le preguntan al usuario dónde está. Con Blockboard, un usuario necesita estar físicamente en la Misión para abrir la aplicación por primera vez y puede hacer esto porque Blockboard sólo existe como aplicación para teléfono y hace uso de la ubicación geográfica propia del teléfono celular como verificador, y se abre y cierra a medida de que el usuario entra y sale de la Misión.
Hood lo describe como una pizarra de boletines de la comunidad y un dispensador, aunque es más flexible que los dispensadores en general: después de haberse registrado por primera vez, los usuarios también pueden publicar y leer desde afuera del barrio para hacer otras cosas como revisar el calendario de eventos locales mientras trabajan.
Desde que hace un mes, discretamente se lanzó la aplicación sólo unos cientos de personas la han adquirido. Hasta ahora la han usado para informar al 311 de las pilas de basura en la calle y publicar fotografías de bicicletas robadas, gatos perdidos y tapones antiguos de botellas en sus patios traseros. En otras palabras, funciona de la misma forma en que los residentes de la Misión usan la variedad de listas de correo electrónico, sitios Web regionales, blogs locales, publicaciones de Twitter y proyectos de arte público diseñados como postes telefónicos a su disposición.
La diferencia crítica, opina Hood, es la regionabilidad en combinación con la habilidad de los usuarios al votar o denunciar algunas publicaciones, una opción tecnológica que Hood percibe como una forma de mantener el desarrollo de la comunidad y que los cascarrabias del barrio no la saturen (como pueden llegar a usarse las pizarras para mensajes de la comunidad) o gente que anuncie masajes, noches de baile de los 80, talleres de redacción creativa y orientación personal (de la misma forma en que la mayor parte de los postes telefónicos se usan).
El equipo de Blockboard, el cual tiene base en San José (Hood, quien alguna vez estuvo en el equipo de productos en del.icio.us), la Misión (con Josh Whiting, exingeniero superior en Craigslist), Lafayette (Ian Kallen, exarquitecto superior de software y sistemas en Technorati), y Noe Valley (Dave Baggeroer quien forma parte del cuerpo académico en el Instituto de Diseño de Stanford) seleccionaron a la Misión como el lugar en donde lanzarían el sitio, pero esperan hacerlo en todos los barrios de San Francisco en un año.
Blockboard tiene el apoyo de una gran lista de inversionistas, incluyendo a Mitch Kapor, fundador de Lotus, y Joshua Schachter, fundador de del.icio.us, pero ha cambiado y seguirá cambiado desde los primeros días de su desarrollo cuando era una versión descontinuada que se llamaba BlockChalk.
“Hemos aprendido mucho”, dijo Hood. Incluso desde el lanzamiento de hace un mes, el grupo ha logrado varios avances. Al principio, la aplicación identificó a usuarios sólo por sus sobrenombres, bajo la suposición de que atesoraban su privacidad. En lugar de eso, la gente se quejó. La lección aprendida fue que no todo el mundo quiere permanecer en el anonimato. El equipo añadió una opción para crear un perfil con enlaces a Twitter o una página de Facebook. Un tercio de los usuarios que desde entonces se han registrado desde que se agregó la opción han escogido completar parte de la información en su perfil.
¿Qué más han aprendido? “A la gente le gusta hacerle preguntas a sus vecinos”, dijo Hood. “Eso parece tener un posible uso fundamental. La gente publica fotos interesantes y parece ser que le gusta tener integrado el 311. Mucha gente lo revisa frecuentemente, y después publican. Pero es común que un gran porcentaje de gente observe”.
Hace poco el equipo modificó Blockboard para permitirle a la gente que publique de Blockboard a Twitter y Facebook ya que los usuarios se han sublevado a la idea de publicar a tan limitado público. Actualmente, Blockboard está limitado no sólo geográficamente sino por dispositivos. Ya se ha planeado una versión para Android, pero es algo en lo que todavía se está trabajando. Puede ser que haya una versión Web, pero no es prioridad.
Mientras tanto, el equipo, que comenzó como un grupo de trabajadores desde casa distribuidos geográficamente, se ha hecho local. Tan sólo hace algunos meses rentaron espacio en i/o ventures, arriba de The Summit. “La gente que está en el área de tecnología tiende a trabajar en una forma casi nomádica”, dijo Hood. “Todo lo que uno necesita es una computadora portátil. Todo lo demás está en la red. En realidad ahora tenemos un espacio, con todo y puerta. No sé en dónde terminaremos cuando haya más de cuatro de nosotros”.


