Traducido por Andrea Valencia

Jueves 28 de octubre

Muchos de los alumnos en la clase de Gary Cruz visten sudaderas y playeras de los Gigantes mientras contestan una pregunta en la primera clase del día: ¿Qué puedes hacer cuando ves a alguien peleando o cuando alguien está siendo agredido?

Dos alumnos terminan pronto. Un muchacho de primer ingreso agarra el lápiz y se lo pone en su cabello estilo afro.

“¿Dónde está?” bromea.

“No lo puedo ver”, responde su compañero de último año, un muchacho con cabello largo y alisado hacia atrás quien viste una chamarra negra de piel.

Cruz interrumpe la conversación.

“Ayer hubo un incidente. Vamos a hablar de eso. Creo que tenemos que hacerlo, como parte de la clase de recursos para compañeros”.

Una muchacha se abanica los ojos mientras se le llenan de lágrimas.

Los alumnos se levantan de los restiradores y hacen un círculo en medio de la sala.

“Sería algo tonto que dejáramos pasar de largo este serio incidente”, dijo Cruz.

Un alumno de educación especial fue agredido el día de ayer. Lo agarraron del cuello, lo aventaron al piso y lo patearon. Esa no fue la primera vez que lo molestaban.

Muchos de los alumnos se quedaron parados y observaron. Pero algunas muchachas –incluyendo a la que estaba llorando- reaccionaron inmediatamente.

“Los muchachos que observan son tan tontos. Sólo estaban mirando, y al alumno lo estaban arrastrando. Estaba muy nerviosa, muy espantada”, dijo la muchacha sentada en su silla con los brazos cruzados.

“No quiero que la gente piense ‘ah, eso sucede en nuestra escuela. No nos metemos’”, dijo Cruz.

“¿Cómo sucedió algo así? ¿Cómo es que se llega a ese punto?” preguntó.

“Tal vez la gente tiene miedo a quedar como los soplones de la clase”, dijo una muchacha alta con grandes aretes de aro.

“Tal vez nadie lo defendió porque nadie lo conoce de verdad”, dijo un muchacho.

“Tal vez los alumnos tienen miedo de que si dicen algo, les van a hacer algo a la próxima”, dijo una muchacha con un arete en el labio.

“Esto es algo muy fuerte, pero ¿cuáles son sus ideas para poner un alto a la violencia?” preguntó Cruz.

Algunas de las respuestas fueron: llamarle al guardia de seguridad. Intentar convencerlos de no pelear. Avisarle a un adulto.

“¿Es esta escuela un lugar en donde la gente se defiende entre sí o no?” preguntó Cruz.

“Debería ser. Es una escuela pequeña. Todos deberían ser como una familia”, dijo una muchacha que presenció el incidente de ayer.

“¿Cómo podemos hacer que sea más como una familia?”

“Es difícil”, dijo una muchacha. “Hay que ser respetuosos de la gente y las cosas”.

Cruz está de acuerdo. Ser respetuoso es contagioso.

“¿Qué quisieran que sucediera después de que suceda?” preguntó.

Tener una asamblea sobre violencia escolar para toda la escuela, sugieren algunos alumnos.

“Vamos a seguir pensando en la idea de una asamblea”, dijo Cruz. “Necesitamos asegurarnos de que vamos a volver a hablar de ese tema”.

Durante los restantes 40 minutos, los alumnos pasan a otros temas, incluyendo a la capacitación de observación del maestro. Algunos observan las paredes blancas con banderines de la Universidad Estatal de San Francisco y UC Berkeley, entre otras.

Pero antes de un momento de clama, la clase comienza a volver a hablar de la agresión de ayer.

“Es un alumno de primer año. Si lo ven, ¿pueden cuidarlo? Vigílenlo”, dijo una muchacha que presenció el incidente.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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