Traducido por Andrea Valencia
Viernes 12 de octubre
Un póster cuelga de la televisión en el aula de Gary Cruz. “Bienvenido, Sr. Cruz. Lo extrañamos”, decía en marcador fosforescente. Tuvo que estar ausente la semana pasada debido a una emergencia familiar.
A medida de que los alumnos llegan, Cruz les pregunta si trajeron consigo los permisos para la excursión que harán al Centro Fort Mason, en donde darán una presentación sobre el proceso de observación de profesores.
Hoy hay cinco alumnos que darán la misma presentación en la Coalición para Escuelas Pequeñas, una organización que ofrece capacitación y ayuda técnica a escuelas.
Cruz le pidió a los alumnos que le dieran consejos sobre cómo dar una presentación exitosa.
“Haga contacto visual”, dijo una muchacha.
“Hable claro y fuerte”, le dijo otro alumno mientras Cruz escribe las recomendaciones en el pizarrón blanco.
“No se ponga nervioso”, sugirió otro.
Los cinco alumnos, con vestimenta casual de pantalones de mezclilla y mallones, se mueven a la parte de atrás del aula para practicar su presentación enfrente de la clase.
Una muchacha del público come pasitas de una pequeña caja roja de pasitas mientras el muchacho a lado de ella se sienta encorvado todavía con su mochila negra en la espalda.
Los presentadores hablan sobre los detalles de los pasos del proceso de observación, incluyendo la toma de notas y dar retroalimentación.
Algunos hablan seguros de sí mismos mientras que a otros se les dificulta y ven sus notas hablando muy bajito como para entender.
“¿Qué es algo que alguien podría notar [sobre la presentación]?” pregunta Cruz cuando los alumnos han terminado.
Casi todas son mujeres, observó un alumno.
De las cinco personas que están practicando, cuatro son muchachas.
“Eso no está bien”, dijo una de las muchachas presentando. “Debería ser equitativo –la mitad muchachos y la mitad muchachas”.
“¿Por qué?”, pregunta Cruz.
“Es sexista”, murmuró la misma muchacha con miedo de que su respuesta le buscara problemas.
“¿Por qué?” insiste Cruz.
“Tal vez piensen que los muchachos no pueden hacerlo”, expresó un alumno del público.
Cruz está de acuerdo. Prosiguió a obtener voluntarios para la presentación de hoy, pero para el jueves estará equilibrado, dijo.
La presentación dura alrededor de 30 minutos y trata de la participación del público, incluyendo un debate sobre cuándo la retroalimentación estudiantil cambió la forma en que se enseñaba la clase. Al final, los adultos deben escribir el paso siguiente que creen que debe seguir en sus propias escuelas.
Cruz le pide al resto de la clase que den una retroalimentación favorable y cálida.
Algunas de las respuestas son específicas. No hubo mucha conversación.
Ahora es momento de una retroalimentación crítica y fría.
Dejen de ver las notas tanto, dijo un muchacho vistiendo una playera blanca y con cabello lacio peinado hacia atrás.
Una de las muchachas necesita más preparación, continúa diciendo. Parecía estar nerviosa.
“Vamos a agarrar el Muni, así que podemos practicar en el autobús”, dijo Cruz.
“Párense derecho”, dicen algunas otras personas. “Como que cruzaban las piernas”.
“No puedo evitarlo”, dijo una de las muchachas que dirigía la presentación. “Así soy yo”.
“Tienes que ser otra persona durante una hora y media”, dijo Cruz.
“Perdón, eso no es lo que quise decir”, dijo inmediatamente y añadióxx que siempre debe ser ella misma.
Cruz prosigue a preguntarle al muchacho con el cabello lacio peinado hacia atrás que si quiere ser orador el jueves en el Centro Fort Mason.
“No puedo faltar a clase”, dijo el muchacho.
No te va a afectar, dijo Cruz, para intentar convencerlo.
“Ya me está yendo mal”, respondió el muchacho.
“Ya sé. Está bien”, dijo Cruz.
“La última vez falté a algunas clases y vea lo que pasó”, dijo el muchacho. “No pasé”.
Cruz continúa.
Una de las muchachas que se supone que presentará por la tarde está ausente. Cruz necesita un reemplazo.
Le pregunta a las muchachas que ya están de pie que asuman el papel. La muchacha cubre su cara con sus manos intentando evitar la pregunta. Acepta aunque reticente.
