Traducción por Andrea Valencia

Los propietarios del restaurante Schmidt’s ubicado sobre las calles 20 y Folsom están en un aprieto.

Los vecinos de arriba han puesto un letrero con una flecha señalando a Schmidt’s. “Malos vecinos”, anuncia a cualquier transeúnte que pase por ahí. Por su parte, los propietarios del restaurante estilo berlinés, dicen que su vecino hace mucho ruido casi a diario. El casero le dijo a los propietarios que no quiere estar involucrado y que la policía no puede interceder.

“No sabemos qué hacer”, dijo el co-propietario del restaurante David Pierce.

“No es buena publicidad”, añadió la otra propietaria, Christiane Schmidt, refiriéndose al letrero que pusieron el fin de semana pasado durante Carnaval.

La vecina de arriba, Patricia Kerman, y el dueño de la propiedad Kaushik Dattani no pudieron ser contactados.

La relación de Schmidt’s con Kerman ha sido mala desde que Schmidt’s abrió en mayo de 2009. En ese entonces, Kerman se quejó sobre un ventilador en la cocina porque hacía mucho ruido –Schmidt dijo que aunque le tomó tres semanas repararlo, pudo disponer de $2,000 dólares para hacerlo.

Pero el asunto no se detuvo ahí. Kerman llamó a un inspector de  restaurantes y algunos miembros del equipo de Schmidt’s supuestamente la han visto hablar con clientes antes de que entren para decirles que se ha enfermado por haber comido ahí, dijo Schmidt.

Kerman fue descrita como una mujer de 50 y algo de años que ha vivido ahí, por al menos los 14 años que Dattani ha sido el dueño del edificio. Antes de Schmidt’s, el mercado de El Farolito lo dejó vacante por más de un año.

Schmidt, originaria de Alemania, dijo que no sabe por qué Kerman cree que ella es mala para el barrio. Schmidt también es propietaria de Walzwerk ubicado sobre la avenida South Van Ness.

Ravick Ruiz, un vecino que ha vivido a lado durante ocho años, defiende a Schmidt’s.

“Al principio, estaba preocupado de que iban a poner música muy fuerte y que iban a tener a gente haciendo ruido afuera”, dijo. “Pero no lo hicieron, y por eso creo que son buenos vecinos”.

Otro vecino, quien conoce a Kerman y quiso permanecer en el anonimato por miedo a represalias, dijo que las quejas de Kerman no tienen fundamento.

Debido a las circunstancias, los restaurantes en edificios de uso mixto como Schmidt’s se encuentran sin opciones reales para resolver sus disputas a menos de que la situación llegue a tal punto que la acción legal sea necesaria.

“No queremos llegar a ese punto”, dijo Pierce. “Y es seguro que eso no va a suceder por nuestra parte”.

Pierce y Schmidt tomaron el concejo de la policía para mediar el problema por medio de la Junta de la Comunidad, pero fue en vano.

Kay Suk, del Programa de la Junta de la Comunidad dijo que no hay nada que puedan hacer si una de las partes se niega a presentarse a la mediación –que en este caso fue Kerman.

El proceso de la junta de la comunidad necesita que ambas partes se reúnan en una ubicación neutral con tres mediadores para hablar de los problemas. La Junta de la Comunidad tiene un 80 a 90 por ciento de que el problema se resuelva, dijo Suk.

Schmidt dijo que tuvieron una reunión con su casero, pero que la única sugerencia fue que llamaran a la policía cuando haya ruido.

Los dueños tomaron en consideración este concejo, pero hay muy poco que puedan hacer cuando hay quejas de ruido y el letrero de “mal vecino” es libertad de expresión.

El letrero ya ha tenido consecuencias, dijo Schmidt.

El equipo ha tenido que explicar el problema a clientes, y en algún momento alguien entró al local e hizo uso de lenguaje de señas para expresar su inconformidad.

El jueves por la tarde, Schmidt’s volvió a llamar a la policía debido a otra queja de ruido que describía a Schmidt como alguien que estaba dejando caer una bola de boliche.

Kerman no abrió cuando tocaron a su puerta, y el oficial dijo que tenían que seguir llamando para documentar los incidentes. En algún momento, los propietarios del restaurante podrán presentar una orden de restricción, les dijo el oficial.

Esto es algo que Schmidt dijo que no quiere hacer, pero que lo hará. Mudarse no es una alternativa.

Pierce y Schmidt han gastado $100,000 dólares en el restaurante, y Schmidt dijo que está en deuda por haber abierto el restaurante.

“No me quiero ir: me gusta esta esquina”, dijo Schmidt.