Traducción por: Neus Valencia

Para las organizaciones artísticas que buscan sobrevivir en la era de Covid-19, la clave podría estar en sumar esfuerzos. La nueva colaboración entre el Community Music Center (CMC) y el Latin Jazz Youth Ensemble (LJYE) busca lo mejor de lo mejor en el área de la bahía para ofrecer a jóvenes que aspiran a ser músicos la oportunidad de tener contacto con algunos de los artistas más importantes del jazz latino.

Este primer esfuerzo conjunto, llamado programa MusicLab Workshop Series, comienza el jueves con una sesión en línea del flautista/arreglista Dr. John Calloway, cofundador y director de Latin Jazz Youth Ensemble. Las pláticas sobre la posible asociación entre el LJYE y el CMC tuvieron lugar antes de la pandemia, y con el advenimiento de la educación a distancia, los beneficios de trabajar juntos son más que claros.

“Es una relación completamente nueva que se está desarrollando y que aún no ha sido completamente definida”, dijo Calloway. “Pero estamos trabajando en formar una fuerte asociación. Incluso existe la posibilidad de incorporar al LJYE en el CMC en algún momento”.

[Pie de foto: John Calloway. Foto cortesía del Community Music Center.

Algunos ambiciosos estudiantes ya han logrado que el LJYE trabaje con el CMC, que ofrece una extensa lista de clases impartidas por artistas de renombre como el bajista/líder de banda Marcus Shelby (que acaba de ser contratado para dirigir el Festival de Jazz de Healdsburg). Thomas Bombara atribuye la experiencia que tiene al Programa de Músicos Jóvenes y a la Orquesta de Jazz para Adolescentes del CMC, que lo prepararon para poder estudiar música en la escuela New School de Nueva York, donde comenzará la próxima semana.

El saxofonista que recientemente añadió la flauta a su repertorio, planea asistir a los tres talleres del Latin Jazz MusicLab, donde desea poder tener contacto de nuevo con Calloway. En los meses anteriores a su graduación de la Escuela de Artes de San Francisco Ruth Asawa, comenzó a tocar en el anterior conjunto LJYE, donde “algunas personas se referían a mí como su arma secreta”, comentó Bombara, de 18 años. “Empezamos una banda de cumbia justo antes de que empezara el confinamiento y ahora nos estamos adaptando.”

Ha estado tomando clases en el CMC desde que empezó la escuela secundaria, “lo cual fue inmensamente importante para mi formación musical”, comentó el estudiante de música. La experiencia fue de hecho mucho mejor gracias a un error en el sistema informático que tuvo el centro, pues se le asignó un nuevo profesor cada semestre. “Pudo aprovechar tantas influencias y filosofías en cuanto a la enseñanza y práctica. Realmente disfruté mucho descubriendo mi propio sonido”.

Bombara empezó a tocar jazz bajo la dirección de Shelby en la orquesta de jazz para adolescentes del CMC, y el bajista se convirtió en un mentor dentro y fuera del templete. “Cuando mi hermano se metió en problemas, Marcus lo visitó en el reformatorio, cuando hacía su serie de conciertos en las cárceles y prisiones”, dijo el saxofonista. “El verano pasado, hice uno o dos conciertos profesionales con Marcus; fue una oportunidad increíble”.

El LJYE ha sido igual de importante para muchos de los que pasan por sus filas desde 2001 cuando Calloway con Sylvia Ramírez, que también es codirectora, comenzaron la organización. En las últimas dos décadas, el LJYE ha servido como plataforma para lanzar a algunos de los jóvenes músicos más destacados del área de la bahía, incluyendo a la flautista/vocalista Elena Pinderhughes, la trombonista/vocalista Natalie Cressman y a la guitarrista de Beyoncé Francesca Simone.

Más allá de su trabajo como educador, Calloway lleva casi cuatro décadas en el centro de la escena musical latina del área de la bahía. Fue una pieza fundamental de Machete Ensemble de Jonh Santos, músico nativo del barrio de la Misión. Además, Calloway ha dirigido varios grupos propios a lo largo de los años.

Ofrecerá una sesión “para los estudiantes que quieran tener un conocimiento básico enfocado a cómo improvisar en el jazz latino y la música cubana, en contraposición con el jazz más directo”, dijo Calloway. “Se trata, en parte, de la clave”, el pulso fundamental derivado de África Occidental en la música cubana, “pero también de ofrecer ejemplos acerca de cómo frasear rítmicamente”. La música latina tiende a tener menos movimiento de acordes, así que hay que saber cómo improvisar y no ser repetitivo”.

El ocho de octubre, Oscar Hernández, pianista y director de banda y ganador de un Grammy, presentará el segundo taller, “50 años de innovaciones musicales en la música latina”. Como líder de la orquesta Spanish Harlem, Hernández ha participado en muchas de esas innovaciones de primera mano. A principios de los ochenta consolidó su carrera en la salsa al grabar junto al maestro de la conga Ray Barretto. Sin embargo, se convirtió en uno de los grandes como director musical de la popular banda Seis Del Solar, ganadora de un premio Grammy, que además sirvió como medio para algunas de las canciones más innovadoras y poéticas de Rubén Blades.

Buscando reavivar la llama de aquella salsa neoyorquina estruendosa, Hernández inició la Spanish Harlem Orchestra hace dos décadas, el conjunto de 13 piezas ha ganado hasta ahora tres premios Grammy y el reconocimiento internacional como una de las bandas de salsa más delirantes de la industria.

Por su parte, Calloway se ha hecho por derecho propio un nombre en la escena del Distrito de la Misión, tocando con el conjunto de música de raíces cubanas Típica Cienfuegos desde que se mudó a la ciudad de Nueva York para estudiar en CUNY a principios de los ochenta. Terminó viviendo en Queens, donde se hizo amigo de Hernández, que vivía en un departamento justo arriba de él en un barrio lleno de músicos latinos.

“Aprendí mucho sobre cómo pensar en la música de una manera auténtica estudiando y pasando tiempo con Oscar”, dijo Calloway. “Tuve que entender cómo funcionaba su cerebro, comprender en el sentido social de qué se trataba la música latina. Me enseñó sobre la vida y la cultura relacionada con la salsa. Gracias a Oscar, aprendí la forma correcta de pensar las claves”.

La serie de talleres de jazz latino concluye el 12 de noviembre con la “Creative Expression Through Afro-Cuban Rhythms & Improvisation” (Expresión creativa a través de los ritmos afrocubanos y la improvisación) de la pianista y directora de orquesta Michele Rosewoman. Las entradas para cada sesión cuestan $15 dólares (aunque nadie quedará fuera por falta de fondos). Criada en Oakland, Rosewoman encontró la música cubana a través de su práctica espiritual, que estaba muy alejada de sus estudios de jazz bajo la tutela del gran pianista del área de la Bahía: Ed Kelley.

[Pie de foto : Michelle Rosewoman. Foto cortesía del Community Music Center.]

Después de mudarse a la ciudad de Nueva York, Michelle tuvo una epifanía que la llevó a combinar los cantos sagrados Yoruba, los tambores batá afrocubanos y la improvisación post-bop. Gracias a una subvención del National Endowment for the Arts fue posible reunir todos estos diferentes elementos, en 1983, cuando presentó ” “New Yor-Uba: A Musical Celebration of Cuba in America” (New Yor-Uba: una celebración musical de Cuba en América) en el Teatro Público Joseph Papp en una función con público de pie.

Otra artista muy apreciada por el CMC es Mai Lam, estudiante de violín que representa otra increíble perspectiva del jazz latino, Lam ha estudiado en el centro durante los últimos tres años. Cursa el quinto grado en la escuela primaria Alice Fong Yu y ha aceptado el reto de aprender nuevos ritmos.

“Es un tipo de música diferente”, dijo. “Es interesante, pero también difícil porque es un nuevo tipo de música. Estoy ansiosa por aprender la historia de ese tipo de música”.

Si bien está emocionada por la oportunidad de estudiar con ilustres profesores, lo que Lam más espera con ansias es la oportunidad de tocar con sus compañeros de manera presencial. Estudiar música a través de Zoom, “aprendes lo mismo. Lo malo es que algunos estudiantes tienen muy mala conexión, y ese retraso hace que no todos puedan tocar juntos”.

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