Traducción por: Neus Valencia
Ilustraciones por: Rini Templeton

Incluso en su lecho de muerte, las amistades cercanas a María Xóchitl Martínez descubrieron lo poco que sabían sobre la multifacética vida que tenía Martínez en San Francisco.

Para sus colegas de toda la vida en el Departamento de Salud Pública de San Francisco, ella fue una mujer pionera que diseñó un sistema de recopilación de información para así lograr que se diera un mejor trato a personas consideradas “de alto riesgo” que buscan servicios de salud mental y de vivienda, esa fue una de las muchísimas contribuciones que hizo a lo largo de los más de 23 años de trabajo.

No obstante, los activistas en las artes de la Misión no la conocen tanto por estos logros sino por la labor que desempeñó como activista en los años noventa para ayudar a cambiar la carta constitutiva de la ciudad para garantizar que los centros de arte y cultura para minorías pudieran recibir los mismos financiamientos que las grandes instituciones.

Así que, cuando Martínez perdió la batalla contra el cáncer de riñón el 15 de julio de 2020, en su casa de Bernal Heights, muchas de sus amistades en diversas esferas decidieron reunirse para despedirse, y fue así que ver a tanta gente que representaba las diversas conexiones que tenía Martínez sorprendió incluso a aquéllos que pensaban conocerla bien.

“Crees conocer bien a alguien, y entonces ves todos los círculos que han formado a lo largo de su vida”, dijo Rosalía Valencia-Tow, amiga de María gracias a su interés en el arte. “Ella tuvo un impacto en el ámbito profesional y personal de tanta gente de distintos sectores de la sociedad”.

María X. Martínez nació el 9 de agosto de 1954 en Indianápolis, Indiana, hija de Roldán Enrique Martínez, cartero mexicoamericano, y de Wanda Acord, quien trabajaba como gerente del Departamento de Vehículos Motorizados.

La familia vivía en Lawrence, un suburbio de Indianápolis, y fue allí donde Martínez creció siendo la hija del medio entre su hermano mayor Rick y su hermana menor Linda. También tenían un hermanastro, Mike Acord.

Martínez se graduó de la escuela secundaria Lawrence Central High School y a los 17 años se casó con Clarence Kelly, según nos contó su hermana Linda. La pareja se quedó en Indiana por un tiempo y Martínez tomó una clase de dibujo en la escuela de arte y diseño Herron en Indiana aunque no se tituló.

Después de vivir un tiempo en Monterey, California y en Seattle, Washington, y después de un segundo matrimonio que terminó en divorcio, Martínez finalmente decidió quedarse en San Francisco a finales de los ochenta, y a mediados de los noventa compró una casa en Bernal Heights.

En 1996, cuando decidió adoptar, lo hizo así en México a donde fue para presenciar el nacimiento de su única hija Paloma. Sus amistades cuentan que Paloma, quien ahora tiene 24 años de edad y recién se graduó de la Universidad Estatal de San José, se convirtió en la parte central de la vida de Martínez.

Hace poco más de una década, Martínez compró y remodeló una casa en Oaxaca que decoró con su gran estilo y la nombró en honor a su hija Paloma. Anne Cervantes, arquitecta y amiga de muchos años, cuenta cómo Martínez armó una red de tías que la apoyaron a criar a Paloma, un grupo con quienes organizaban comidas o se iban de vacaciones.

“Ella le dio todo su amor a esa niña”, dijo Cervantes.

María, defensora de la salud

Desde joven, Martínez desarrolló un interés en el área de salud pública, específicamente en lo que respecta a la salud mental y a la gente que no tiene vivienda.

Uno de sus primeros trabajos en la década de 1970 fue en un consultorio médico, un trabajo de bajo nivel donde tenía que capturar datos, contó Olga Talamante, amiga cercana y exdirectora de la Fundación Chicana Latina. Al ver lo ineficiente que era el sistema, Martínez renovó el sistema de datos e impresionó mucho a su jefe, quien le dijo que debía dedicarse a la consultoría de datos de manera profesional. Así comenzó su larga carrera en el campo profesional.

A partir de entonces, María dio asesoría y dirigió a grupos médicos en Washington y el Área de la Bahía. En 1997, el Departamento de Salud Pública (DPH) de San Francisco la contrató. Pensando en que un título universitario podría abrir nuevas oportunidades en el DPH, Martínez se inscribió en un programa especial en 2011 para hacer la licenciatura y maestría en Asuntos Públicos en la Universidad de San Francisco – todo esto mientras trabajaba de tiempo completo.

Martínez trabajó en el Departamento de Salud Pública hasta el final de su vida, logró ser directora del programa Whole Person Care (cuidado integral para personas) y se convirtió en parte del personal directivo del director del departamento.

Sus colegas elogiaron a Martínez por ser pionera y dirigir el programa Whole Person Care con un enfoque innovador que combinaba los datos de la ciudad de varias agencias para garantizar que los pacientes pudieran recibir una atención integral. Este sistema llegó a implementarse en otros condados de California.

“María consolidó las asociaciones entre agencias, logró enlazar a estos departamentos para que trabajaran de una manera que no lo habían hecho antes”, escribió el Dr. Grant Colfax, director del DPH, en un escrito para los empleados después del fallecimiento de Martínez “Que el recuerdo de María nos sea de consuelo y nos sirva de inspiración a todos”.

María, amante y activista del arte

Otros aspectos igual de importantes que todo lo demás en la vida de Martínez era su pasión por el arte. Su hermana Linda recuerda que cuando eran adolescentes, tenía amigos artistas de distintos orígenes étnicos, otras de sus amigas de San Francisco nos cuentan que continuó esa tradición posteriormente en su vida. Era amiga de los artistas de la Misión René Yañez y René Castro, y era muy cercana a la renombrada artista mexicoamericana Mariana Yampolsky, quien ayudó a Martínez a adoptar a Paloma.

A finales de los ochenta y principios de los noventa, un amigo en común le contó a Valencia-Tow, quien trabajaba en el Centro Cultural de la Misión para las Artes Latinas (MCCLA), que Martínez quería formar parte de la escena artística local de San Francisco. Valencia-Tow ayudó a Martínez a participar en el centro cultural, y, eventualmente, Martínez se convirtió en presidente de la junta directiva.

Fue la manera en que Martínez trabajó en favor de este centro lo que le ganó la fama como activista del arte. En la Universidad Estatal de San Francisco, el excatedrático de sociología Edward McCaughan describe en su libro Arte y movimientos sociales: Políticas culturales en México y Aztlán (Art and Social Movements: Cultural Politics in Mexico and Aztlan) cómo la labor activista de Martínez logró que se otorgarán $2.1 millones a centros culturales en los diferentes barrios, como el MCCLA.

Martínez aprovechó su habilidad estadística para comparar la gran diferencia que había entre los subsidios que el gobierno otorgaba a los centros culturales en las comunidades vulnerables y los que otorgaba a grandes instituciones como el War Memorial Opera House, que alberga instituciones como el Ballet de San Francisco y la Ópera de San Francisco.

En colaboración con Jeff Jones, activista del arte queer, Martínez aplicó sus conocimientos estadísticos y descubrió que War Memorial recibía un subsidio de $4.11 por visitante, mientras que el Centro de Artes y Cultura Afroamericana recibía $0.41 por visitante.

El estudio que hicieron produjo un cambio de paradigma en la legislación de la ciudad.

En el libro de McCaughan se cita a Martínez refiriéndose a estos eventos: “Demostrar la amplia desigualdad cultural en cuanto al financiamiento de la ciudad permitió que la comunidad pudiera ejercer presión para que se incluyera en la legislación de la ciudad lo necesario para que se responsabilizara a los líderes políticos con el fin de garantizar la estabilidad, el mantenimiento y la expansión de los centros culturales de la comunidad”.

El cambio en la legislación de la ciudad significó que hubiera mayor financiamiento para lugares como el Centro de Artes y Cultura Afroamericana, así como financiamiento permanente para el Centro Cultural de la Misión para las Artes Latinas, que en ese momento no formaba parte de las instituciones culturales de la ciudad.

El alcalde Willie Brown, simpatizante con estos temas, nombró a Martínez para la Comisión de Artes de San Francisco. Asimismo, Martínez ocupó cargos como presidenta del Consorcio de Centros Culturales Comunitarios de San Francisco, presidenta del Club Democrático de las Artes de San Francisco y miembro de la junta directiva de BRAVA para Mujeres, según informó El Tecolote.

“Ella tuvo un impacto sobre la accesibilidad de las artes para la gente de color”, comenta Jones. “Siempre tuvo un ímpetu militante en torno al racismo”.

Pero su vida personal también giraba en torno al arte. Siendo ella misma coleccionista, Martínez ayudó a coordinar las exposiciones mexicanas e indígenas en la Legión de Honor, comenta Cervantes. A menudo recibía a artistas de Oaxaca, México, e intentaba ayudarles a vender sus obras.

“Siempre se preocupaba por que el dinero fuera directamente a los artistas, así que tenía estas pequeñas exposiciones en su casa para vender grabados”, dijo Cervantes.

En 2018, Jones llevó a Martínez a un concierto de Sean Dorsey, un famoso artista transgénero que floreció en el Centro Cultural Queer en los años 90.

“Fue increíble”, recordó Jones. “Quería específicamente que María viera que este era uno de sus logros, indirectamente”.

María, defensora de la cultura y de la comunidad

Martínez también echó raíces en otras iniciativas culturales. En 2004, se ofreció a ayudar a dar clases de educación sexual a adolescentes y conoció a Talamante, quien era directora ejecutiva de la Fundación Chicana Latina. En 2006, las cómplices fundaron el Instituto de Liderazgo dentro de la fundación, con el fin de capacitar y otorgar becas a mujeres jóvenes latinas en la universidad, especialmente a las de bajos ingresos e indocumentadas.

“Cuando teníamos eventos, [los estudiantes] nos decían lo increíble que era conocer a estas líderes latinas”, dijo Talamante.

En 2018, Martínez lanzó conjuntamente “Regalitos”, una recaudación de fondos navideña para repartir tarjetas de regalo y juguetes personalizados a las familias de inmigrantes recién llegados en el Centro Educativo de la Misión. Martínez colaboró con Tracy Brown-Gallardo, que ahora es asistente legislativa del supervisor del Distrito 10, Shamann Walton.

También apoyó un proyecto de canción que se estrenó este junio y que resalta la brutal situación que sufren los niños en la frontera, la activista Dolores Huerta elogió este proyecto.

A finales de abril de este año, Martínez comenzó a sufrir dolores de espalda. Se hizo una resonancia magnética que condujo a una tomografía que resultó en un diagnóstico de cáncer de riñón en fase cuatro. Fue atendida en el hospital, pero finalmente quiso volver a su casa para estar con sus seres queridos; porque además la situación del COVID limitaba las visitas en el hospital.

Pasó su último mes recibiendo muestras de cariño de un pequeño círculo de seres queridos, producto de toda una vida de amor y de arte que llenó todos los rincones de su casa en Bernal Heights. Todos recordaron su actitud carismática, su risa tan sincera y su lucha incesante por la justicia social y racial.

Frederick Carl, padrino de Paloma, dijo sentirse agradecido por el apoyo que todos estos conocidos le mostraron a Paloma y a Martínez.

“Habla de la presencia y el efecto que tuvo María, así como de su trascendencia y grandeza”, dijo Carl.