Traducción por: Anabelle Garay

El centro alimentario Mission Food Hub en el 701 de la calle Alabama está abierto los lunes, miércoles y viernes de diez de la mañana al mediodía. El centro alimenta a 7,000 personas a la semana. Aquí le contamos algunas historias de la gente con quien nos encontramos esperando en la fila del lunes.

Cairo González llegó al Mission Food Hub a las cuatro y media de la madrugada para adelantarse a las largas filas que se forman allí, sin embargo, no fue el primero en la línea. Los trabajadores del Food Hub dijeron que los primeros en llegar son a las tres de la madrugada.

“No me gusta conseguir demasiada comida porque estoy solo, así que no como demasiado”, dijo González.

Lo que no se termina, se lo da a veces a sus vecinos porque no le gusta desperdiciar comida, dijo González.

González se jubiló después de trabajar 21 años haciendo mantenimiento en el Aeropuerto Internacional de San Francisco. Al decir el nombre de su puesto en el aeropuerto lo hace de forma lenta y enfática para dejar en claro que está orgulloso de la conexión que tiene. Hoy día pasa los días en casa, a veces sale a caminar. Es así que la pandemia actual no ha cambiado mucho su vida.

Pero ha cambiado en otras maneras. Gonzalez ve a sus vecinos con menos frecuencia, ya que muchos pasan sus días de cuarentena dentro de casa. Cuando tiene la oportunidad de platicar con ellos, dice, a veces tienen que recordarle que mantenga una distancia de seis pies (dos metros). Agradece el recordatorio, pero todavía a veces lo olvida.

Actualmente, José Manuel comparte una habitación con otros ocho señores en Mission Street, y todos ellos han estado trabajando menos horas desde el comienzo de la pandemia. Manuel, sin embargo, es el único que se quedó completamente sin trabajo, dijo.

Sus compañeros de piso le han prestado suficiente dinero para pagar el alquiler hasta ahora, aunque todos están batallando por estar al día. Manuel dijo que su casero no es muy comprensivo y que le exige el pago del alquiler a tiempo, aun así y a pesar de la creciente deuda que no da señales de desaparecer de la vista Manuel no se siente preocupado.

Manuel dijo que antes de que esto comenzara, Dios le dio trabajo y ahora Dios ha decidido quitárselo. Tiene completa fe en que Dios lo ayudará a superar esto.

En medio de nuestra entrevista, Manuel vio a una madre tratando de cargar la caja de comida mientras sostenía la mano de su hijo y decidió ir rápido hacia ella para darle una mano. Manuel se echa la caja al hombro y se va hacia el otro lado de la calle 19 y regresa caminando cuando encuentra a otra madre con un niño pequeño que espera para pedirle ayuda. Manuel agarra la caja, el galón de leche que la niña intenta cargar y cruza la calle con ellas.

Al regresar, Manuel comenta ser generoso porque Dios ha sido generoso con él. Sus ojos se le ponen un poco rojos y se comienzan a llenar de lágrimas cuando comienza a describir todo lo que Dios le ha dado en su vida.

“Dios hizo este mundo para que caminemos en él, así que eso es lo que haré por ahora”, dijo.

Héctor González, un niño de 12 años, ha estado viniendo al Mission Food Hub tres veces a la semana desde hace cinco semanas para conseguir comida para su familia. Su madre se queda en casa con su hermano de cinco años y su padre trabaja la mayoría de los días. Cuando le pregunto cómo ha sido la vida desde el comienzo de la pandemia, Héctor usa una sola palabra: “aburrido”.

Los últimos meses de sexto grado fueron en línea, lo que significa muchas menos actividades y menos tiempo para entregar tareas. Su maestro también a veces se olvida de publicar el enlace a las reuniones virtuales, lo que provocaba retrasos.

Pronto llegó el verano lo que normalmente es un respiro de la escuela para los niños. Este año, sin embargo, el verano fue más de lo mismo. Su familia había planeado ir a Texas de vacaciones para visitar a la familia e ir a nadar, pero se tuvo que cancelar.

Hoy día, Héctor pasa los días ayudando a su madre con las tareas del hogar y jugando Roblox. El séptimo grado comienza la siguiente semana, pero Héctot no lo espera con ansías.

“Todavía no conozco a mi profesor, así que estoy un poco nervioso”, dijo.

Elodia Solís solía donar alimentos al Mission Food Hub, pero dijo nunca haber imaginado que algún día estaría formada en la fila allí.

“Esto no es algo vergonzoso”, dijo, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, “nunca te imaginas estar del otro lado”.

Solís trabajaba para una amistad limpiando casas. Cuando comenzó la pandemia, los clientes comenzaron a cancelar poco a poco hasta que la amiga de Solís no tuvo suficiente trabajo para Solís y entonces se quedó sin trabajo.

Su pareja, que anteriormente trabajaba en la construcción, todavía trabaja, pero muy esporádicamente. Solís comentó que el trabajo de su pareja no era suficientemente constante desde el comienzo, le llamaban esporádicamente cuando lo necesitaban, pero ahora el teléfono a duras penas y suena.

“Honestamente, estoy un poco celosa de él”, dijo. Si bien él parece estar bastante contento de pasar los días en casa viendo televisión o jugando Candy Crush en el teléfono, Solís dijo sentir  una presión abrumadora.

En mayo, comenzaron a retrasarse en el pago de alquiler. El casero acordó darles tiempo para pagarlo, pero su deuda simplemente sigue creciendo.

“Nos ofrecen darnos más tiempo, pero no ofrecerán perdonar la deuda”, dijo.

Alfredo López ya le debe a su arrendador más de $2,000 después de tres meses sin pagar la renta.

El joven de 30 años solía limpiar la cocina de un restaurante local, pero el restaurante tuvo que cerrar. López siente que su situación es cada vez más desesperada y teme que él y su hija de seis años, que viven en la calle 3, terminen sin hogar.

“Yo podría lidiar con eso, pero para ella sería difícil”, dijo.

Hace dos meses, López solicitó asistencia para el alquiler, pero nunca recibió respuesta. Mientras esperan a que vuelva a abrir el negocio o que salga un nuevo trabajo, López pasa sus días en casa con su hija y su hermano, quien también está sin trabajo. Su hija, dijo, está feliz de pasar todo el día con él, pero al principio preguntaba por qué no iba a trabajar.

López tuvo que explicarle lo que es la pandemia a su hija y cómo le ha costado su trabajo.

“Está muy tranquila, no está preocupada”, dijo.

Conocen a muchas otras familias en la ciudad de las que pueden apoyarse en situaciones normales. Pero esta no es una situación normal y la mayoría de los miembros de su familia también han perdido sus trabajos.

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