Traducción por: Neus Valencia

Los empleados del banco de alimentos están viendo en primera fila la creciente inseguridad alimentaria que se sufre en San Francisco.

Los empleados han visto a multitud de residentes, ancianos e inmigrantes, hacer fila para recibir despensas desde las 6:30 a.m., en los centros que abrirán horas después. Algunas madres y niños fueron rechazados una hora antes de cerrar, cuando uno de estos centros se quedó sin comida. Los voluntarios reportan que cada vez hay más casos de personas que vuelven vistiendo con diferentes ropas para obtener otra bolsa de comida, o que se presentaban en otro centro de alimentos.

“Es una reacción ante la situación traumática”, dijo Tina Gonzales, directora de asociaciones comunitarias del Banco de Alimentos de San Francisco-Marin. “En este momento, hay mucho temor de estar en una situación de inseguridad alimentaria”.

Para mantener sus suministros de alimentos disponibles y para hacer una distribución amplia y justa, el banco de alimentos recientemente decidió poner en marcha un sistema de registro en el programa de las despensas temporales que comenzó a operar en respuesta a la pandemia.

Las personas deben inscribirse en un centro de despensas, donde se les entrega una tarjeta personal vigente con un código de color y una hora designada para recoger su despensa.

En la actualidad, casi todas las llamadas “despensas temporales” de San Francisco están en camino a tener un sistema de registro. La primera en hacerlo fue la Escuela Primaria Gordon J. Lau en Chinatown en mayo, dijeron los voluntarios.

Dawson Lau, uno de los encargados de este centro y registrador que trabaja en varios centros de despensa, dijo que a veces el centro Gordon J. Lau tenía que cerrar una hora antes de lo programado, lo que impedía que algunas familias recogieran la comida que necesitaban para esa semana.

“En realidad, de cierta manera, es desgarrador”, dijo Lau sobre el sitio de Gordon J. Lau. “No nos quedaba nada que ofrecerles porque había mucha gente que regresaba por segunda o tercera vez”.

Si bien esta situación influyó en la decisión de implementar un registro, los cierres de despensa y los visitantes que acuden más de una vez fueron muy pocos en términos generales, dijo Gonzales.

El mayor aspecto que motivó la implementación del registro fue que se quería aprovechar los recursos del banco de alimentos y poner énfasis en las comunidades que parecían necesitar más ayuda. Por ejemplo, el sitio de la Escuela Secundaria de la Misión repartió aproximadamente 1,200 bolsas cada martes de 9 a.m. a 1 p.m. Sin embargo, desde que se inició el registro, solamente se inscribieron cerca de 620 personas la semana pasada (aunque la cuenta sigue aumentando), una diferencia que se atribuye a que los visitantes optaron por ir diferentes centros de despensa y a que también se ha podido establecer una visita al centro una vez a la semana.

“Necesitamos saber quiénes asisten y dónde instalar nuevos centros de despensas”, dijo Gonzales. “Pero, en última instancia, también se detendrá la entrada [de los visitantes que asisten más de una vez] y eso creará espacio para nuevas personas”.

Este sistema fue copiado del modelo de despensas permanentes del Banco de Alimentos San Francisco-Marín que ya registra a sus beneficiarios.  Antes de la pandemia, el 25 por ciento de los habitantes de San Francisco dijeron que estaban en riesgo de padecer hambre debido a sus bajos ingresos o a la inaccesibilidad física a los alimentos, indicó la Directora Ejecutiva del Departamento de Servicios de Discapacidad y Envejecimiento, Shireen McSpadden, en una conferencia de prensa.

Esto empeoró durante el periodo de resguardo en casa. Aunque los indocumentados y los trabajadores temporales eran especialmente vulnerables, casi nadie está exento de cargas financieras. El Banco de Alimentos San Francisco-Marin añadió 28,000 hogares más a su cuenta preexistente, lo que lleva a un total de 60,000 beneficiarios a la semana.

Lea aquí algunas anécdotas acerca de las personas que se forman para conseguir despensas durante la pandemia.

En el centro temporal de alimentos que se habilitó en la Escuela Secundaria de la Misión, los voluntarios que trabajaban en el estacionamiento de la escuela abastecieron aproximadamente 1,200 bolsas llenas de vegetales frescos, proteínas y, ocasionalmente, un galón de leche. Desde hace un mes, los martes por la mañana, cuando el centro de alimentos opera, se ha hecho habitual ver en el vecindario la fila que serpentea desde la calle Dolores hasta la calle Church.

El sitio de Mission High comenzó a registrar visitantes el 21 de julio, lo que redujo significativamente la fila en agosto. Dos semanas antes, empleados del banco de alimentos, como Lau, comenzaron el registro y colocaron volantes para informar sobre el cambio a los residentes.

Los horarios de recolección suelen ser estrictamente obligatorios, lo que ha ocasionado problemas a aquéllos que no se pueden apegar a los horarios asignados. De manera aleatoria, la computadora asigna los horarios de entrega de alimentos, en lugar de consultar con el visitante. Esto asegura que un horario no esté demasiado lleno, dijo Gonzales.

Aun así, como sucede casi siempre que se hacen ajustes, los que vinieron a buscar comida el 4 de agosto se quedaron frustrados y confundidos.

Poco después de las 9:30 a.m., un hombre aún vestido en pijama encaró a un voluntario en el sitio de Mission High mostrándole su tarjeta. El color blanco significa mediodía, pero dijo que tenía que recogerlo ahora debido a que tenía problemas con el horario. El voluntario dudó, y según las directrices, se negó a darle la despensa.

“Por favor, necesito la comida, mi familia depende de ella”, dijo el hombre. “¿No hay alguien con quien pueda hablar de esto?”

Lau acudió al llamado, escuchó su historia y cedió. Le dijo al hombre que esto era una excepción. El hombre le dio las gracias, tomó una bolsa de comida y se fue rápidamente.

Una mujer que esperaba en la fila justo antes de las 10 a.m. suspiró. Su boleto también era blanco. Dijo que necesitaba llegar pronto al trabajo. Ella estaba aquí ahora, así que ¿por qué no dejaban entrar a la gente? Al final, se frustró y se fue furiosa.

“¿Me estás diciendo que esto es tan burocrático, que no puedo recogerlo ahora?” dijo.

Pie de foto: Código de color de centro temporal de despensas Mission High, donde se explica la hora para recoger la despensa. The Mission High pop-up color key for the registration cards. Photo by Annika Hom.

Milton Reyes-Torres, siendo que era su primera vez usando una tarjeta de registro, tuvo la misma pregunta. Comentó que depende de esta comida y del cheque de $500 que el gobierno otorgó a los indocumentados, cuyo dinero ya se le terminó.

Reyes-Torres, originario de El Salvador, pero residente en San Francisco desde hace una década, dijo que el restaurante en el que trabajaba en el Embarcadero cerró en marzo y que desde entonces ha estado desempleado.

“Son las 9:30 a.m. ahora, y no hay cola. ¿Por qué no podemos entrar?” dijo Reyes-Torres en español, aunque admitió que era mejor que esperar en la larga fila que había hace unas semanas.

Si bien la gente no puede recoger la comida antes del tiempo asignado, pueden volver y recogerla después de que todos los de ese turno hayan terminado, dijo Lau. La gente puede también, entregar su tarjeta a un amigo, que puede recoger una bolsa en su lugar.

¿Y qué pasa con los que no pueden hacer un hueco más tarde?

“Si es algo consistente y lo reconocemos, podemos hablar contigo y hacer una excepción”, dijo Lau.

Pie de foto: Milton Reyes-Torres tiene una tarjeta de registro naranja del centro Mission High, lo que significa que puede recoger su despensa a las 10 a.m. Milton Reyes-Torres has an orange card registered for the Mission High site, meaning he can pick up at 10 a.m. Photo by Annika Hom.

Maritza, de 50 años, dijo que cree que el sistema de tarjetas será conveniente una vez que se aclaren las dudas. Sin embargo, esta semana, se confundió. El color de su tarjeta significa que debe venir a las 10 a.m., pero no estaba segura de si debía venir temprano.

Ella también, es residente indocumentada que ha estado sin trabajo desde marzo, pues su lugar de trabajo cerró. Sin embargo, a diferencia de Reyes-Torres, no tuvo acceso a otros recursos. A veces, una amiga le traía comida de este centro, así que decidió inscribirse ella misma.

“Es muy difícil”, dijo en español. “La verdad es que lo que está pasando ahora es realmente malo”.

Aunque el período de registro oficial para el centro Misión High terminó, Lau dijo que él y su equipo aún están aceptando nuevos registros. A medida que se agotan los beneficios de desempleo, las moratorias de alquiler amenazan con terminar, y la ciudad sigue en pausa, es probable que muchas personas nuevas se sumen a los miles de beneficiarios cada semana.

Una semana después de que Mission High cerrara la inscripción, Lau miró sus números. Hubo un aumento de 70 personas en un solo día.