Traducción por: Neus Valencia

El martes, Juana Rodríguez y su hija menor, Rosa, visitaron por primera vez la escuela Everett Middle School, es el segundo día de clases para los estudiantes del Distrito Escolar Unificado de San Francisco.

En lugar de lo que hubiera sido un emocionante primer día recorriendo la nueva escuela de Rosa, seguido por una emotiva despedida, Juana y Rosa atravesaron el patio de la escuela sin ningún tipo de ceremonia sólo para obtener un iPad en préstamo y algunos materiales escolares para la nueva estudiante de sexto grado. Rosa se detiene a ver el carrito lleno de libros que la bibliotecaria de la escuela ha sacado para regalar a los estudiantes. Pregunta si hay libros en español, pero la bibliotecaria le dice que no hay.

“Estaba nerviosa cuando nos acercamos. Honestamente, todos estamos nerviosos con este inicio de clases. Espero que salga bien”, dijo Rodríguez.

Aunque Rodríguez espera lo mejor, también está preparada para lo peor.

Y con mucha razón. Los espacios sin privacidad, los niveles de falta de atención y la tecnología insuficiente, todo ello se confabula para dificultar este año escolar a los 28,500 estudiantes con desventajas socioeconómicas del distrito escolar que se estiman, incluyendo a alrededor de 2,000 que no tienen vivienda. Las desigualdades ya existentes, temen los padres y los maestros, no harán más que aumentar. Y esas desigualdades son muy marcadas: sólo el 28.4 por ciento de los estudiantes negros de secundaria y el 37.9 por ciento de los estudiantes latinos tenían la preparación para ir a la universidad o para cursar una carrera, en comparación con el 70.7 por ciento de los estudiantes blancos que estaban preparados, según se muestra en el dashboard del distrito.

La mayoría de los estudiantes de SFUSD empiezan la escuela más tarde y terminan más temprano.  Gran parte de su “día escolar” puede no implicar una interacción directa con un profesor.

A nivel de todo el distrito, los profesores sólo están obligados a proporcionar un mínimo de dos horas de enseñanza sincrónica, según una guía de aprendizaje a distancia de SFUSD.

El aprendizaje sincrónico significa que los estudiantes se relacionan con los profesores en tiempo real, generalmente a través de una reunión de video por Zoom o una llamada telefónica.

El aprendizaje asincrónico significa que los estudiantes no interactúan directamente con sus profesores o sus compañeros de clase.

“Esto puede ser a través de un vídeo pregrabado, de lecciones por internet o de una serie de tareas para realizar a su propio ritmo”, se afirma en la guía de aprendizaje.

Cuando las escuelas hicieron la transición al aprendizaje virtual en marzo, Rodríguez se adaptó. Hizo lo que muchos padres hacen cuando tratan de hacer demasiadas cosas a la vez, se apoyó más en su hijo mayor. El joven de 18 años, que entonces se encontraba en el último semestre de la escuela secundaria, ayudó a sus dos hermanos menores a participar en sesiones por Zoom, les enseñó cómo entregar las tareas y estuvo a su disposición para resolver todas sus dudas en línea mientras se ocupaba también de cursar su propio semestre final.

Si Rodriguez tenía que ir a trabajar, dejaba a uno de sus hijos con el mayor en casa y se llevaba a la otra. De esa manera cuidaban a ambos jóvenes y no estaban juntos para que no se distrajeran el uno al otro.

Sin embargo, la semana pasada, su hijo mayor se mudó a Carolina del Norte para empezar la universidad.

Ahora, cuando Rodríguez tiene que ir a trabajar, debe dejar a uno de sus hijos en casa solo y simplemente esperar que pueda concentrarse en sus tareas escolares. Incluso cuando está en casa, Rodríguez tiene problemas para comprobar que sus hijos estén estudiando.

“No sé mucho de computadoras, así que no sé si realmente están estudiando o si sólo están jugando”, dijo Rodríguez.

Esta incertidumbre también se siente al otro lado de la pantalla, según Luis Vidalon-Suzuki, profesor de matemáticas de segundo año en John O’Connell High School.

“Con el aprendizaje en línea, es difícil saber si los estudiantes están prestando atención o si incluso entienden el material”, dijo Vidalon-Suzuki.

El nuevo profesor dice que a menudo se basa en el lenguaje corporal para identificar a los estudiantes que tienen dificultades con las tareas, pero esto se complica cuando sólo se puede ver desde la perspectiva de la computadora. También es muy fácil que los estudiantes simplemente abran otra pestaña y se pongan a jugar, pero como sus ojos siguen mirando a la pantalla, es casi imposible saberlo.

Y esto, por supuesto, suponiendo que los estudiantes puedan acceder a la tecnología necesaria para tomar la clase, como computadoras portátiles con cámara y acceso confiable a Internet.

La semana pasada, casi 10,000 estudiantes fueron a recoger los dispositivos que les presta el SFUSD, y 1,800 obtuvieron acceso inalámbrico desde redes locales móviles, según la vocera del SFUSD, Laura Dudnick.

Incluso con las herramientas necesarias para el aprendizaje a distancia, es posible que algunos estudiantes no estén en el entorno óptimo para poder aprender. La guía de aprendizaje a distancia del distrito invita a los padres a, “Hacer una lista de las diferentes tareas (lectura, escritura, laptop, etc.) y luego ayuden a su hijo a elegir dos lugares adecuados para cada una. Encuentre un espacio que esté bien iluminado y no haya distractores”.

Muchos padres no cuentan con suficiente espacio en sus casas para que los estudiantes tengan su propio espacio, mucho menos dos.

Marta Flores es madre de 4. Su hija mayor está en la universidad y sus otros tres estudian en segundo, sexto y undécimo grado.

Flores suele sentarse con su hija menor en el comedor, y sus dos hijos medianos toman la clase en la habitación que comparten. Por suerte, la mayor se mudó para ir a la universidad, de lo contrario dice que les sería mucho más difícil compartir el espacio.

Y la escuela es sólo una de las preocupaciones de Flores.

El día que Flores habló con Mission Local, se encontraba en la Escuela Primaria César Chávez esperando formada en una fila que se extendía desde la calle Folsom hasta la calle 22.

La guía de aprendizaje a distancia del SFUSD promete que “los estudiantes del SFUSD pueden acceder a 5 días de comidas (incluyendo desayuno, almuerzo, cena, frutas y verduras frescas y leche)”.

Por desgracia, dice Flores, la comida no es suficiente. Flores va a la escuela primaria César Chávez cada semana para recoger tres bolsas de comida, una para cada uno de sus hijos actualmente inscritos en el SFUSD.

Flores dice que, si sus hijos dependieran de la comida que se les da, sólo duraría dos o tres días. En total, Flores estima que sólo se ahorra $15 a la semana con las tres bolsas.

Melissa Daar Carvajal, presidenta de la Asociación de Padres, Maestros y Estudiantes (PTSA) de Mission High School, dijo que incluso con los educadores, los padres y los estudiantes haciendo lo mejor que pueden, las aulas virtuales no se comparan con las reales.

“Todo el mundo quiere un sistema escolar realmente bueno, pero entendemos que, sin que haya un aumento significativo de la financiación, no es realista esperar que todo resulte como se desea”, dijo Carvajal.

Carvajal, cuyos hijos gemelos están en el penúltimo año de la Escuela Secundaria Mission, también reconoció que, aunque este drástico cambio en la escolaridad parece estar yendo bien desde su perspectiva, puede que no sea el caso para aquéllos que tienen menos espacio en casa, o aquéllos con hijos más jóvenes que no están familiarizados con las nuevas tecnologías, y para aquéllos que no se pueden dar el lujo de trabajar desde casa.

“Las personas que suelen enfrentar más desafíos continuarán enfrentándose a más desafíos, las personas que suelen enfrentar menos desafíos seguirán teniendo menos desafíos”, dijo Carvajal.

Y en ese sentido, algunas cosas no han cambiado para este año escolar.

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