Traducción por: Anabelle Garay

Grand Rounds pudo tomarse unas vacaciones la semana pasada, pero el coronavirus no. Esta semana, el Dr. Bob Wachter regresó a su papel de moderador para discutir el alarmante aumento en los casos de coronavirus en todo el país y en California, así como las preguntas en torno a dos instituciones críticas: escuelas y prisiones. 

“COVID ha puesto a prueba a todas las instituciones de nuestras vidas”, dijo Wachter, señalando el costo económico del virus. “Es difícil pensar en dos sectores que más desafíos han enfrentado como lo son las escuelas y la prisión”. Las soluciones, según él, son todo menos sencillas. 

Pero antes de que los expertos profundizaran en las complejidades de reabrir las escuelas y liberar a las personas de las cárceles, el favorito del público, el Dr. George Rutherford, empuñando un arsenal de gráficos y mapas, intervino para discutir el aumento de casos en todo el país.

La primera diapositiva, dijo, “es la diapositiva más reveladora sobre cómo han ido las cosas en los Estados Unidos”, en comparación con Europa, Japón y Canadá. 

Gráfica de George Rutherford

Rutherford describió cómo el número de casos en Estados Unidos se ha “disparado enormemente”, ya que el miércoles se reportaron más de 59,000 casos nuevos, el mayor número registrado en un solo día. Cinco estados establecieron récords de nuevos casos en un solo día el miércoles, con “aumentos masivos” en el sudeste y el sur que involucran a jóvenes. 

California también es preocupante, con cerca de 300,000 casos en total. Rutherford dijo que cree que el aumento comenzó después de Memorial Day. 

Gráfica de George Rutherford

La transmisión comunitaria está impulsando el aumento, y estos han sido provocados por la reducción de las restricciones, especialmente en el sur de California. Los grupos más afectados continúan siendo trabajadores esenciales Latinx de familias que viven en sitios densos y de bajos ingresos, un hecho bastante conocido en San Francisco gracias a los esfuerzos de la asociación de la UCSF con el Equipo de Trabajo Latino en la Misión.

Después de mostrar a los espectadores algunas estadísticas deprimentes, Rutherford administró una dosis de esperanza cuando habló sobre la disminución de la transmisión de COVID-19 y las tasas de infección entre los niños.

Los niños y el coronavirus 

Rutherford citó un estudio de expresión génica nasal en el que se encontró que los niños menores de 10 años tenían significativamente menos expresión de ACE-2 que los niños mayores y los adultos. Este gen es importante en la fisiología de la infección por COVID-19 porque el ACE-2 es el receptor donde el coronavirus se une para infiltrarse en la célula. Por lo tanto, menos receptores equivalen a menos enfermedad, en palabras de Rutherford. 

Solo el 1.7 por ciento de los casos reportados en los Estados Unidos tienen menos de 18 años, y un estudio islandés sugiere que hay poca transmisión entre los niños pequeños. Otros estudios sugieren que la mayor parte de la transmisión entre los niños se produce a través de contactos domésticos en comparación con las escuelas. Sin embargo, Rutherford mencionó que el número de casos en niños está aumentando y que el síndrome inflamatorio multisistémico asociado con COVID sigue siendo un problema.

¿Qué significa esto para la reapertura de las escuelas? La profesora asociada del departamento de pediatría de la UCSF, Dra. Naomi Bardach, habló sobre los posibles riesgos y beneficios de las clases presenciales. 

El dilema de las escuelas: ¿reabrir o seguir a distancia?

A pesar de las bajas tasas de infección, Bardach señaló que “los niños se llevan una gran parte de la carga de las disparidades” de COVID, incluyendo la profundización de las desigualdades económicas para los niños de bajo nivel socioeconómico, así como un aumento en ansiedad y depresión. Además, señaló, las desigualdades de género arraigadas significan “las mujeres asumen la carga” de cuidar a los niños y educarlos en el hogar. También hay señales de que hay más abuso y violencia doméstica de la pareja íntima.

Dicho esto, los desafíos de la reapertura de las escuelas son numerosos: la transmisión, cómo encontrar el dinero para comprar suministros como jabón y toallas de papel y el problema de tener una fuerza laboral de gente mayor: más de un tercio de los maestros del estado son mayores de 50 años y muchos tienen enfermedades crónicas. 

Sin embargo, los niños parecen ser menos problemáticos. Los estudios ahora muestran que los niños pequeños no son transmisores agresivos y si están infectados, tienen síntomas más leves, dijo Bardach. Sin embargo, no está claro qué tan infecciosos son los estudiantes de escuela intermedia, aunque los estudiantes de secundaria parecen ser más infecciosos que los niños pequeños.

Entonces, ¿deberían volver a abrir las escuelas? Sí, opina Bardach. Los beneficios de reabrir con protocolos de seguridad probablemente superen los riesgos. Bardach citó un estudio que cuantificó esos riesgos. Descubrió que el cierre de escuelas contribuyó poco al control de la epidemia, previniendo solo del dos al cuatro por ciento de las muertes. 

“Los datos sugieren que la reapertura es posible con medidas establecidas, especialmente si los adultos siguen las recomendaciones de salud pública, de distanciamiento social, usar cubrebocas”, comentó Bardach y agregó que la detección de síntomas y pruebas formarán parte del plan de estudios.  

“El desastre que ocurre justo al norte de nosotros” 

El siguiente presentador fue el Dr. Brie Williams, fundador y director de Amend en UCSF, un programa que “trabaja para transformar la cultura correccional dentro de las cárceles y prisiones y reducir los debilitantes efectos de la salud en esos entornos”, según su sitio web.

Los espectadores que pensaban que el panorama nacional sobre COVID-19 era sombrío recibieron un golpe devastador cuando Williams compartió estadísticas sobre COVID en las cárceles de nuestra nación. Hoy en día hay más de 70,000 casos de COVID-19 entre el personal de la prisión y los residentes, un número que Williams cree que probablemente no se ha reportado correctamente. 

Después, Williams se enfocó en lo que Wachter llama “el desastre que ocurre justo al norte de nosotros”: el brote masivo en la prisión estatal de San Quintín. Con más de 3,400 personas encarceladas, San Quentin tiene 427.9 casos de COVID-19 por cada 1,000 personas en comparación con 6.1 casos por cada 1,000 personas en todo el estado.

Gráfica de Brie Williams

Williams describió una imagen inquietante de cómo se ve una prisión con “bastantes recursos” en California: hacinamiento, instalaciones anticuadas, poca ventilación (a menudo por su diseño intencional), limitación en las pruebas realizadas al personal, demoras para obtener los resultados de las pruebas y residentes y personal que están aterrorizados.

“Hay discusiones cuestionando si el COVID puede penetrar a través de los cubrebocas”, dijo el Dr. David Sears, director del área de calidad en atención médica Healthcare Quality en Amend, mientras discutía la facilidad con que el COVID puede propagarse en las cárceles. “Pero nadie habla de si el COVID puede penetrar las rejas”. 

Según Williams, más del 50 por ciento de la población de San Quentin es mayor de 50 años y cientos tienen factores de riesgo subyacentes a COVID-19. 

Williams compartió una cita de un guardia de la prisión, quien dijo “ya no nos llamamos esenciales, somos sacrificatorios”.

“Los residentes, por supuesto, también están aterrorizados”, dijo Williams, describiendo cómo había sólo 16 casos de COVID en San Quintín cuando le pidieron recomendaciones a Amend el 13 de junio, y en cuestión de semanas se dispararon increíblemente a 1,477 casos. 

Gráfica de Brie Williams

Williams rastreó el brote hasta llegar al 30 de mayo, cuando 120 personas fueron trasladadas en autobús desde una prisión en el Condado Imperial que sufría su propio brote. De ellos, 14 dieron positivo por COVID-19 al llegar. 

La tasa de positividad a COVID por semana en San Quentin es “bastante alarmante”, dijo Williams, quien señaló que en un punto llegó a casi el 75%. Alrededor de 60 personas de San Quintín están ahora en hospitales comunitarios recibiendo tratamiento y siete residentes han muerto. La Oficina de Manejo de Emergencias de California ha establecido un centro de comando de incidentes y la División de Salud Ocupacional de UCSF ha diseñado un plan para nuevas pruebas y medidas de vivienda. Un hospital de campaña para 100 personas en San Quentin se abrirá más adelante esta semana. 

Noruega y el estado de Dakota del Norte han limitado con éxito los brotes en las instalaciones correccionales al disminuir la población carcelaria, dijo Williams. 

“Con condiciones de hacinamiento insalubres, tendremos más y más propagación”, dijo Williams, abogando por la liberación de personas con sentencias de cadena perpetua que tienen tasas de reincidencia de menos del tres por ciento y aquéllos que han asistido a decenas de audiencias de libertad condicional. “Nuestra sociedad está basada en la aplicación excesiva de la pena de prisión, en la sobrepoblación y el hacinamiento de los sistemas penitenciarios, y muchas personas con sentencias de cadena perpetua podrían ser liberados sin riesgos para la sociedad”.

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