Traducción por: Neus Valencia

Desde que llegó a San Francisco en 1983, Milton ha tenido cuatro trabajos, de éstos, sin duda, su favorito es su actual trabajo en Trader Joe’s.

Ha sido miembro del equipo desde diciembre de 2014, y siempre ha trabajado en la tienda de Hyde y California.

Milton, que acaba de cumplir 59 años, habla con un profundo sentimiento en su voz: “Voy a trabajar allí como si fuera mi casa. Siento que estoy donde pertenezco. Los gerentes, aprecian y reconocen mi trabajo”.

Ahora es ciudadano estadounidense, pero tuvo que pedir aventón desde El Salvador para escapar de la violencia y de la guerra civil que aquejaba a ese país. Trabajó en hoteles como empleado doméstico. Se casó y tuvo dos hijos.

Luego, en 2008, su vida se desmoronó y perdió a su familia y su trabajo debido a una serie de eventos desafortunados y malas decisiones. Logró salir adelante después de varios años, pero no pudo encontrar trabajo. No pudo recuperar su antiguo trabajo, pero tampoco conseguía otro. Hasta que lo contrataron en Trader Joe’s y desde entonces lo han ascendido constantemente.

El primer mes que estuvo allí, después de que la tienda cerrara, encontró una cartera con mucho dinero y las llaves de un auto encima del montón de manzanas, y también encontró un anillo de oro en el suelo cerca de los plátanos. Entregó las cosas al gerente, quien mencionó el incidente en una revisión de desempeño que resultó positiva, por lo que recibió un aumento de salario.

Milton es delgado y enjuto, de pequeña estatura y pulcro, con una amplia y radiante sonrisa. Podría haber sido un jockey. Siempre ha sido delgado, pero desde que comenzó la pandemia, ha bajado a casi 129 libras. Según Milton, este es el resultado de que muchos de sus compañeros americanos (“blancos”) renunciaran, y de que él tuviera que asumir muchas de sus responsabilidades. “Dicen que volverán cuando el virus haya terminado. Algunos de ellos vienen de visita y dicen que están recibiendo beneficios. Pero yo estoy contento de trabajar. Prefiero trabajar. Quiero escribir una carta al Presidente que ha dicho que los latinos son unos bandidos holgazanes, y decirle que son los latinos los que siguen trabajando. Trabajando duro”.

Milton trabaja en el turno de 3:00 p.m. a 11:30 p.m., sus labores incluyen descargar los productos, llenar los estantes, mantener las exhibiciones de productos, así como limpiar los cuatro baños del personal, la sala de descanso y otros espacios comunes cuando la tienda cierra.

Milton at work.Photo by Natalia Gurevich

“Mi sección es desde la puerta principal de la tienda, pasando por las cebollas y las papas, las frutas, hasta donde se solían dar las muestras. Esa es la longitud de la tienda. Soy responsable de mantenerla limpia y ordenada. Sólo yo. Toda esa área. Desde la pandemia, eso ha incluido hacer mucha más limpieza. Me alegro de hacerlo, pero antes éramos dos, ahora soy principalmente yo. Ayer enviaron a un empacador para ayudarme, estuvo allí durante siete minutos”.

 A pesar de eso, dice que se siente respetado y seguro. “Sé que están cortos de personal”.

Todos los días, los gerentes piden a los empleados que contesten una lista para verificar sus síntomas; les proporcionan cubrebocas dobles y guantes desechables. Le dicen que debe lavarse las manos con frecuencia.

Tiene un buen seguro médico. Tiene clientes que se saben su nombre.

“Así es como soy, como siempre he sido, si veo que hay que hacer algo, lo hago. Había un montón de basura acumulada en nuestro almacén, el gerente preguntó ¿cómo llegó eso allí? Bueno, yo no sabía la respuesta, pero fui y lo limpié, eso es lo que hago. Muchos de nuestros empacadores que solían ayudarme están faltando, diciendo que están enfermos. Yo creo que simplemente no quieren trabajar”.

No se ha hecho la prueba del virus y no piensa hacérsela mientras se sienta bien. Vive a la vuelta de la esquina, en un hotel residencial de habitaciones individuales con servicios compartidos en la calle Jones, y puede estar en el trabajo en cinco minutos. Debido a eso, a menudo se le llama para sustituir a alguien en el último minuto.

“Soy muy cuidadoso, tomo todas las precauciones. Cuando estoy fuera o en el Muni, uso cubrebocas dobles. Uso guantes. Cuando visito a mi hermana para llevarle la comida, mantenemos una sana distancia porque ambos somos mayores; ella tiene 70 años. Mi hijo trabaja en el Trader Joe’s en Market y 4th, y lo visitamos una vez a la semana y mantenemos una sana distancia también”.

Milton no había visto a su hermana en muchos meses, cuando la visitó esta semana. “Se dio cuenta de que había perdido mucho peso y estaba preocupada. Le dije que estoy trabajando muy duro, que estoy bien, que me muevo todo el tiempo: corriendo, levantando, cargando, subiendo escaleras y que me alimento bien. Prefiero trabajar que estar atrapado en mi habitación.

Un día vino un tipo con el que solía trabajar hace años en el hotel. Me había tratado muy mal en el hotel, como si fuera Hitler, pero cuando fue al Trader Joe’s y me vio trabajando con mucha honra, se disculpó por haberme tratado mal.

“¿Sabes qué es lo que más me gusta de mi trabajo? Sé que tenemos algunos clientes que viven en la calle, viven cerca de la tienda, y siempre los tratamos con la misma dignidad y respeto que a todos los demás. Me dicen siempre ‘¡Hey Milton! ¿Cómo estás?’

Y bromeamos y hablamos. Me hace sentir muy bien”.

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