Moser declaró que aunque sus agentes estaban preparados para la congregación del lunes por la noche —la noche previa al Día del Trabajador—, no esperaba que se convirtiera en algo violento que tuvo como consecuencia $150,000 dólares en daños a propiedad.

“No cabe duda que uno no espera que una reunión pacífica se convierta en una revuelta”, dijo Moser.

Si los manifestantes hubieran tomado las calles de manera pacífica y hubieran marchado como se esperaba, opinó Moser, hubieran tenido suficiente personal para el control de tránsito y multitudes.

En lugar de eso, la multitud de entre 100 o más personas confrontó a la policía con violencia y perpetración de daños”, dijo.

En luz de los ataques del lunes, el alcalde Ed Lee declaró que los debates sobre el cambio de tácticas policiales está en camino.

Le tomó 20 minutos a los manifestantes hacerse camino por el barrio mientras destrozaban ventanas de negocios locales, rajaban llantas y aventaban bombas de pintura a los edificios.

A alrededor de las nueve de la noche, una hora después de que comenzó el mitin, un grupo de hasta 150 personas caminó por la calle 18, de acuerdo con Moser. Cuando llegaron a la calle Guerrero, la manifestación se convirtió en algo violento, precisó.

“Llegaron a Guerrero y comenzaron a sacar armas y a perpetrar actos de vandalismo”.

Los manifestantes se pusieron sudaderas negras, bandanas y máscaras de esquiar. Sacaron palos y varillas de metal y mazos para destrozar las ventanas de autos y parabrisas. Con pintura en spray, dejaron letreros anarquistas y aventaron bombas de pintura a la estación de policía y fachadas de los negocios.

Durante la manifestación, tantos como 30 negocios fueron el blanco; y por lo menos uno de ello —la tienda de ropa Weston Wear en la calle Valencia— permaneció cerrado el pasado jueves.

En el restaurante Farina, en las calles 18 y Guerrero, los comensales se levantaron rápidamente y se fueron al fondo del restaurante cuando los manifestantes agarraron sillas y mesas que estaban afuera y las aventaron a las ventanas.

El agente financiero en jefe de Farina, J.H. Kolsteni, le dijo a Mission Loc@l haber visto que un manifestante intentó incendiar el auto que le pertenecía a uno de sus clientes. Inmediatamente llamó al 911.

Al hablar con uno de los distribuidores de llamadas, Kolsteni se dio cuenta que había una patrulla y una camioneta de la policía, por lo que colgó a la espera de que los agentes estuvieran presentes para detener a los manifestantes violentos. Para su sorpresa, dijo, parecían estar acompañando a los manifestantes.

“Eran más que ellos, eso es lo que un agente me dijo anoche”, dijo Kolsteni.

“Debían saber qué iba a suceder. Perdieron el control inmediatamente”.

Moser declaró que la policía no pudo interceptar a la multitud de manera segura hasta que no tuvieran suficiente personal disponible.

“Estábamos tratando de tener suficientes agentes para manejar de manera apropiada y segura a la multitud”, dijo.

Si la policía quiere detener a alguien que está en un grupo de manifestantes, explicó Moser, se tiene que asignar a los agentes en grupo e interceptar al sospechoso.

“Si se asigna a cuatro o cinco agentes a dicho grupo, los agredirían con palos de metal y otras cosas. Se necesitarían suficientes escuadrones para siquiera intentarlo”.

Al ver lo que estaba sucediendo, Moser —quien había asignado un escuadrón de agentes al Parque Dolores y tenía otro listo en la estación—llamó inmediatamente por respaldos.

Terminó por tener hasta 70 agentes, quienes dispersaron a la multitud cerca de las calles 14 y Misión.

Aunque le hubiera gustado que los manifestantes no hubieran causado tantos daños, Moser dijo que lo más importante es que nadie salió herido.

“Esto sucedió rápido”, dijo, “pero pudimos reunir los recursos importantes y dispersar a la multitud. Hubo daños a la propiedad, pero nadie salió herido”.

Los restaurantes y pequeños negocios declararon que los ataques fueron rápidos —algunos tan breves como 15 o 20 segundos— aunque fuertes.

En Therapy, los empleados compararon a los manifestantes a un tornado que pasa destrozando todo en su lado de la calle.

A unas puertas de ahí en Bar Tartine, en donde había un evento especial de degustación de vinos, el gerente general Vinny Eng estuvo agradecido que la mayoría de los clientes estaban en la parte de atrás del restaurante y que nadie salió herido. En Farina, Kolsteni sirvió vasos de champaña para todos los clientes una vez que los manifestantes se fueron.

Aunque los agente estuvieron presentes durante los actos de vandalismo, sólo detuvieron a una persona. El identificar a los responsables cuando la gente que participó tenía las caras cubiertas es algo difícil, precisó Moser.

“Si hay gente que se cubre los rostros, uno tendría que observar a la persona cometer dichos actos de vandalismo, dirigirse de manera segura a un grupo e interceptar a la persona”, dijo.

“Si no se hace así, se detiene a una persona con la misma ropa y a no ser que uno los identifique específicamente como el responsable de dichos actos, no se les puede arrestar”.

Para la tarde de miércoles, dijo Mser, la policía sigue investigando lo sucedido. Hasta el momento, el material de vigilancia se ha revisado y esperan efectuar más detenciones.