La Querida Swoon de la Misión Parte III

Kassa Mehari, propietario de Tony’s Market, en la esquina de la calle 24, no puede dejar de sonreír; no puede dejar de pensar en lo que va a suceder en su muro de ladrillos en la calle Hampshire.

Durante más de tres años, él amó a una mujer que mejoró el muro de afuera y después desapareció siendo víctima de grafiteros y de alguien que decidió que ya no era lo suficientemente hermosa. Durante casi seis meses, el muro ha permanecido de un color café insípido, un muro rayado de deterioro urbano que en una hora cambiará. En una hora, la artista callejera de Nueva York Swoon creará y hará surgir a una hermosa y nueva mujer.

“Estoy muy agradecido por lo que hizo por nosotros”, dijo en referencia a la reconocida artista internacional que envió una caja de cartón desde Brooklyn que contiene un reemplazo de papel de 13 pies de largo que se pegará con engrudo en el muro. “Es maravilloso, créame”.

La muy anticipada caja, decorada con 10 letreros en rojo hechos a mano que dicen ‘Frágil’, llegó con Chicken John y su equipo, quienes llegaron en un camión verde lleno de mugre, pintura y una etiqueta en el parachoques que decía: ‘mi otro auto funciona al atropello con mierda”.

Se bajan y rápidamente transfieren cubetas de plástico, escobas, rodillos, cartón, brochas y escaleras del camión a la banqueta.

“No sé lo que estamos haciendo”, dijo uno de ellos al dirigirse al muro con una cubeta grande de Ace Hardware. “Estoy seguro que Chicken John nos va a gritar y a decirnos qué hacer”.

Y lo hizo.

“Entonces, cuidadosamente, con muchas manos vamos a empezar a desenrollarlo”, gritó Chicken John mientras puso la pieza doblaba de Swoon en una colchoneta azul puesta en dos mesas plegables.

El equipo de siete personas rodeó la pieza y comenzó a desenrollarla.

“Muchacho, aquí no hay suficientes manos”, dijo Chicken John. “¿Me pueden echar unas manos en este lado”, pidió. Está preocupado que el delgado papel se rompa.

“No dejen que entre el viento”, dijo. Una ráfaga de viento hizo que una esquina de la pieza ondeara. “NO DEJEN QUE ENTRE EL VIENTO”, repitió.

Las manos se vuelven a distribuir, y los oídos esperan la próxima orden.

“Muchachos: lentamente”, se apuró a decir Chicken John.

Cuando la pieza está completamente develada (lo cual requiere que parte del equipo de algunos pasos hacia atrás en la calle Hampshire para dejar ver su gran escala), todos se quedan boquiabiertos a la vista de la joya en la mesa. Es un retrato colorido de Thalassa, una diosa griega del mar, impresa en un bloque gigante de linóleo que ha sido tallado y pintado a mano. La diosa mira hacia arriba y agarra un vestido ondeante que se convierte en agua y protege a las creaturas del mar.

Diseñado específicamente para una instalación en el Museo de Arte de Nueva Orleáns el año pasado, Thalassa fue inspirada en la idea de una ciudad afectada por el desastre del Golfo, y por su relación con el agua. La vibrante pieza difiere en gran forma de la sombría pieza en blanco y negro de Swoon que recordaba a Silvia Elena, aunque las expresivas líneas y las formas orgánicas son igual de sorprendentes.

Chicken John le ordena al grupo que lo vuelvan a enrollar y lo hacen lentamente.

“El problema es que una vez que se rompe, se romperá por todos lados”, dijo.

Comienzan a enrollarlo, pero Chicken John no está satisfecho.

“Por qué no lo hacen lentamente muchachos”, dijo. “Ustedes muchachos van como a un millón de millas por hora”.

“Está bien”, dijo alguien.

“No, no está bien”, contestó.

Lo hacen más lento.

“Ok”, dijo. “Es suficiente. Hay que poner un poco de peso”.

Ellos agarran los contenedores de polvo de pasta de trigo, un gel mate mediano, un martillo de grafito y todo lo demás que puedan encontrar en la mesa.

Entonces, el equipo se dirige al muro para encontrar el centro del espacio con el que tienen que trabajar. “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce”, contó Chicken John en voz alta mientras señalaba una fila de ladrillos.

“Así que éste”, dijo y señaló al ladrillo número doce. “Sí. Aquí está”.

Encajó una pluma en el espacio entre el ladrillo y dibujó dos líneas en una formación de flecha con un marcador negro. Después, desenrollaron la pieza otra vez para encontrarle el centro.

Cuando dan unos pasos atrás hacia la calle Hampshire, con las esquinas de la pieza en mano, un auto gira bruscamente para evitarlos e interrumpe el camino de otro auto. El equipo se detiene y después da unos pasos hacia adelante. Chicken John comienza a gritar.

“¡Que se chi*****, amigo! Ellos pueden muy chin********* esperar”.

Tony, del deli que está adentro de Tony’s Market, da vueltas afuera para ver cómo va.

“Oigan, esta vez tenemos el que sí es”, dijo a forma de pregunta en referencia a la restauración que no se llevó acabo hace algunas semanas. “Vean esa cosa. ¡Caramba! Estoy emocionado”.

Chicken John le ordena al equipo que cuidadosa y lentamente lo enrollen otra vez, y comienzan a enrollarlo. Él escucha el ruido de un tirón.

“Un momento”, gritó. “¿Quién está tirando? ¿Quién está tirando? ¿Quién ching**** está tirando?”

Él les dice una y otra vez que lo están haciendo muy rápido. No quiere más tirones. Y después en voz baja añadió: “lo están haciendo muy bien muchachos”.

Cuando terminan de enrollarlo, Chicken John barre la pared con una escoba y nota lo sucia que está. Se pregunta si deberían lavar el muro primero.

Jimmy dice que no. “Hay que embarrarla con pegamento. Hay que embarrarla con la obra. Hay que embarrarla con el pegamento otra vez. Y nos vamos”, dijo.

Un muchacho que vive cerca se dirige hacia la calle 24 y aminora su paso cuando ve lo que está sucediendo. “Sabía que iban a venir”, le dijo al equipo. “Tarde o temprano”. Empezó a caminar rápido y después gritó por encima del hombro: “esto es genial. Gracias. Muchas gracias”.

El equipo está listo para mezclar lo que esperan que mantenga a la pieza en el muro durante muchos años: una mezcla de pasta de trigo con yeso y agua. Van por los materiales, pero Chicken John opina que tienen que pensar cuánta mezcla hacer. El truco es no quedarse sin mezcla. “No nada más vamos a empezar a aventar las cosas por todos lados”, les dijo.

Chicken John agarra un poco del engrudo del contenedor con la ayuda de una brocha, la echa en dos cubetas y le añade agua.

“¿Quién se quiere ensuciar?” pregunta Jimmy.

“Yo me ensuciaré”, dijo Tiffany sin dudarlo.

“Arremángate”, dijo Jimmy.

Con los codos en las cubetas, comienzan a amasar puñados de la viscosa mezcla blanca.

“Haz que todos los grumos se deshagan”, dijo Chicken John.

Cuando lo logran, transfieren la mezcla de una cubeta a la otra para mezclarla.

Jimmy sumerge un rodillo y se acerca a la pared. Jimmy comienza a mover el rodillo de arriba a abajo, de arriba a abajo y cuando llega arriba de la cabeza con el rodillo, la mezcla salpica su cabello, lentes y ropa. “Ay por Dios, está en todos lados”, dijo, sin detenerse. “¡Está por todos lados!”

Jimmy le dice al equipo que tienen que hacerlo rápido o si no el pegamento se secará.

“Así que, vamos”, dijo Chicken John. “A mover los cuerpos”.

Cuatro de ellos se apuran a la mesa, levantan la pieza y la cargan cuidadosamente al muro.

“¿Hay alguien que traiga algo puesto que no quieran completamente….”

“¡NO!” gritaron los otros al unísono.

Cuando los rodillos y las brochas llegan al muro, el pegamento comienza a volar. “Uff!” aplaude el equipo mientras los de abajo quedan salpicados por los que estaban arriba de las escaleras. “¡Uff! ¡Urra, Urra!”

Durante los próximos 40 minutos, 16 manos trabajan apasionadamente para poner la pieza de Swoon en el muro. La sostienen en su lugar, le pasan el rodillo, la brocha, la escalera, agarran la escalera, aplanan las arrugas.

Dos jovencitas que pasan caminando se detienen a observar.

“Estoy completamente emocionada”, dijo Arena Reed, sus ojos abiertos de la emoción. “Simplemente me encanta ver que ponen obra en el barrio”.

Reed y su amiga aplaudieron como el equipo mientras la pieza empezó a tomar forma. “¡Uff! ¡Carambísima! ¡Ay, caramba! Es tan maravillosa”.

Jimmy está arriba de una de las escaleras más altas mientras pone el pegamento cuidadosamente a lo largo de la mejilla café de Thalassa con sus dedos. Los otros están más abajo asegurándose de que cada pulgada se haya aplanado.

Y por último, uno por uno van dando un paso atrás para ver el muro.

“Cómo se ve”, preguntó Chicken John. Rápidamente responde a su propia pregunta. “Ah, se ve hermosa”.

Tiffany toma un poco de distancia y concuerda. “Ah, es espléndida”.

Algunos de los otros todavía están aplanando las arrugas en el papel, tan alto como pueden alcanzar. “¡Brazos más largos, brazos más largos!”, grita Kelly.

Ashkon Davaran, quien estaba manejando por Hampshire, se detiene a observar. “Estaba intrigado por esto”, dijo mientras veía al equipo salpicado sobando los ladrillos con pegajosas manos blancas hasta que las arrugas entre ellas comenzaban a aplanarse. “Dios mío, es una pieza tan padre. Y me encanta que la producción haya sido en equipo para instalarla”.

El equipo bajó de las escaleras y agarró unos trapos rosas de una canasta para limpiarse.

“Tengo yeso en el ojo”, dijo uno de ellos.

“Tengo yeso en la cara”, dijo otro.

Chicken John desaparece hacia Tony’s Market y regresa con una bolsa de galletas de chocolate Newman’s Own y con los brazos llenos de refrescos azules, verdes, rojos y blancos. Se apartan, miran el muro, toman de su refresco mientras aplanan “ese pequeño lugar en la axila de Thalassa”, asegurándose que su vestido no vuele en el viento, y arreglan el grumo en su ojo derecho.

Jimmy baja de la escalera y da un paso atrás. “Eso se ve muy ching******* bien, amigo”, dijo.

“Entonces, eso es todo”, dijo alguien con tono de pregunta. Jimmy barre los charcos blancos de la acera.

Chicken John dice que se secará en una hora o dos y que regresará más tarde hoy para retocar algunas cosas y que regresará mañana para poner una capa protectora. El recubrimiento, el cual no tenía la última pieza de Swoon, asegurará que cualquier graffiti que llegue a Thalassa se pueda quitar sin dañar la pieza.

Kelly C. Gallamore, uno de los miembros del equipo, se siente vigorizada. Ella y Tiffany recibieron un correo electrónico de Chicken John el día de ayer que decía: “necesitamos manos para hacer arte”. Comprometidas con sus proyectos, siempre están dispuestas a ayudar y nunca decepcionan. Pero no tenían idea de que serían parte de algo como esto.

“Creo que algo como esto conecta a las comunidades”, dijo Gallamore. “En especial cuando la gente habla sobre ello. E incluso si no saben la historia exacta detrás de ello, pueden hacer preguntas”.

Kassa Mehari pronto estará inundado de preguntas sobre la diosa a lado de su tienda. Gallamore cree que incluso si los espectadores no tienen vínculos personales con Nueva Orleáns, podrán relacionarse con algo de lo que todos dependemos. “El agua es vida”, dijo. “No hay tanta”

“Vea”, dijo Mehari. “Vea ahora”. Es la parte que amaba sobre la última pieza de Swoon, y la parte de su local que le hacía falta. El retrato de Silvia Elena levantó preguntas sobre la concientización de los feminicidios en Juárez, México. “Dice mucho”, dijo de la obra de Swoon. “El mensaje a la comunidad es muy importante”.




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