El fallo de la Junta de Supervisores de ampliar la prohibición del uso de bolsas de plástico en tiendas y restaurantes es una buena noticia para muchos empleados y propietarios de negocios. Sin embargo, algunos creen que puede lastimar el negocio.

“Algunos [clientes] piden doble bolsa y no la necesitan. Luego los veo que tiran las bolsas de plástico en la calle”, dijo Henry Vargas, empleado de Val 16 Market en las calles 16 y Valencia.

Para el 1ro de octubre, ya no habrá más bolsas de plástico en las tiendas de San Francisco. Si los clientes quieren una bolsa, tendrán que pagar 10 centavos por una bolsa biodegradable o de papel. El día martes, la Junta de Supervisores decidió de manera unánime en lo anterior. La ciudad aprobó por primera vez la prohibición de uso de bolsas de plástico en grandes tiendas de abarrotes y cadenas de farmacias en 2007.

Vargas, quien lidia con aproximadamente 500 clientes al día y da cientos de bolsas de plástico, dijo recoger a diario muchas bolsas usadas afuera del local.

“No quiero discutir con el cliente. Si dice que necesita una, se la daré”, dijo Vargas.

En la reunión de la Junta de Supervisores del martes por la tarde, el Supervisor Eric Mar precisó que “las bolsas de plástico no son gratis”, en referencia al daño que causa el plástico al medio ambiente.

En el Café Hidden Paradise, el copropietario Josh López estuvo de acuerdo. “Estaría feliz si todo el plástico desapareciera. Le toma años descomponerse. [Al librarnos de él] uno salva al mundo un poco”, opinó.

“Esto reducirá drásticamente los cientos de millones de bolsas usadas. Es una molestia costosa en nuestro sistema de procesamiento de basura”, dijo la Supervisora Christina Olague, coproponente de la proposición.

Un cliente de Val 16 Market entendió que la prohibición a bolsas de plástico era más una opción ecológica. No obstante, no cree que se le debería cobrar por una bolsa.

“Estoy espantado del calentamiento global pero nos están cobrando por todos lados. Tengo una bolsa llena de bolsas de plástico en casa y las reuso”, dio Ronald Harris.

Fanny Álvarez, una niñera que cargaba plátanos en una bolsa de plástico sobre la calle Misión, precisó también estar en contra de pagar porque mucha gente simplemente no puede costear lo adicional.

Algunas veces uno necesita una bolsa de plástico, dijo.

“El otro día [estaba lloviendo] cuando me bajé del autobús, tenía una bolsa de papel y se rompió y mis cosas se cayeron por todos lados”, dijo Álvarez.

A Ricky Olmos, residente de Dark Rook en la calle Misión, no le importa tener que pagar.

“Eso está bien para mí”, dijo. “Siempre va a haber cargos. Al menos con esto, los pedazos de mi dinero se van a algo de lo que sé; es más transparente”.

Las tiendas se quedarán con el cargo adicional. Las tiendas que no cumplan, recibirán una multa de $100 dólares la primera infracción, $200 la segunda y $500 cada vez después de eso. El Departamento del Medio Ambiente se encargará de que se haga respetar la ley.

Los clientes “tienen que entender que no lo estamos haciendo para nosotros, no estamos tratando de engañarlos”, dijo Susan Malak, quien ha estado administrando el Golden Eagle Market sobre la calle Valencia desde hace 29 años.

Algunos propietarios de negocios creen que la nueva ley lastimará el negocio.

“Se van a quejar. Si uno aumenta algo por cinco o 10 centavos, se quejan”, dijo Ramiro Carrión de la Taquería La Piñata en la calle Misión.

“Si les pido 10 centavos por una bolsa, no van a querer venir. Ni siquiera nos dan un centavo de propina”.

No obstante, para algunos la prohibición no cambiará nada. En Lucca Ravioli, el propietario Michael Feno ha estado dando bolsas reutilizables para sus clientes durante años.

“Comencé aquí en 1966 en la época de los hippies; todo lo del reciclaje era muy sólido en los 60. Es difícil creer que en 2010 ha habido mucho avance pero en algunas maneras estamos regresando a estas cosas”.

En el Café Hidden Paradise, el copropietario López tampoco se verá afectado. López ha decidido usar bolsas y contenedores biodegradables en su recién abierto restaurante, y le cobra a sus clientes por las bolsas.

Por tres contenedores biodegradables y una bolsa de plástico biodegradable cobra aproximadamente 60 centavos. Opinó que a sus clientes no parece importarles.

En la reunión de la junta, la Supervisora Carmen Chu le dijo al público: “tenemos un sentimiento que prevalece y es que la ciudad establece un precio en todo, pero la razón por la que decidí apoyar esto es que sí creo que creará un cambio en el comportamiento”.

Andrea Valencia

Andrea was born and raised in Mexico City, where she graduated as a translator/interpreter. She has been working with Mission Local since 2009 translating content for the Spanish page. Also lives in the...

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