Cuando Shawn Dickerson se despertó el 2 de diciembre a las 11 a.m., ya iba tarde a para trabajar en Rolo, la tienda de ropa para hombres sobre la calle Market.

“¿Qué hay?”, le preguntó Anjulí Droll a su amigo y compañero de piso con quien ella y su otra amiga se habían quedado despiertas platicando hasta las 4 a.m.

“Ya voy tarde para el trabajo”, recordó que Dickerson dijo. Antes de salir apurados, él explicó que acababa de llamarle a su jefe y que tenía que llegar lo antes posible a Rolo en donde había estado trabajando desde hacía cuatro semanas.

Unos minutos después, el muchacho de 23 años de edad salió del departamento que compartía con otras cinco personas sobre Bartlett y la 22. Desde entonces, no se le ha visto. En las seis semanas desde su desaparición, Droll ha creado una historia que difiere bastante de la impresión que tuvo cuando Dickerson se fue esa mañana —y de las más de tres horas de conversación que compartieron en las primeras horas de la madrugada.

“Hay una gran posibilidad de que se haya ido pero también existe la posibilidad de que se haya matado”, dijo Droll. “Es Shawn, así que uno nunca sabe”.

En lugar de ir a trabajar en la mañana, Dickerson tomó una caminata. Con su iPhone, tomó fotos de una comida que tuvo incluyendo lo que parece ser pato a la naranja, una foto de sus pies, y algunas fotos de la Bahía.

Una de las 16 fotografías que subió a Facebook el día que desapareció.

Hace algunos meses, él cambió su nombre de la cuenta de Facebook a Klaus Agnes, los nombres de dos artistas que le gustan.

A las 4:02 p.m. del 2 de diciembre, publicó 16 fotos en su cuenta de Facebook —algo que nunca hacía— aunque sólo pueden verse tres.

Cuando Droll vio las fotos reconoció los lugares de un paseo que a menudo tomaban juntos.

“Cuando no estábamos trabajando, caminábamos por Chinatown, por Columbus y hacia el Parque Acuático y Fort Mason”, dijo Droll.

Las fotos indican que Dickerson dio ese mismo paseo. Si lo hizo, hubiera terminado en el camino cerca de Fort Mason que lleva a una colina a una pequeña torre con una cámara usada como cámara web para el clima.

El originario de Ceres, California había estado viviendo en San Francisco durante aproximadamente seis años y rentaba o se quedaba en los departamentos de sus amigos. Hace cuatro meses, decidió mudarse con Droll, una amiga cercana que había sido su novia durante dos años en la preparatoria en Modesto.

“Fueron juntos al baile”, dijo la mamá de Dickerson, Trisha Brucker, quien vive en Denver, Colorado. Brucker no ha visto a su hijo en dos años, pero esperaba que él la visitara este mes.

Incluso cuando Droll y Dickerson ya no eran pareja, los dos decidieron hace poco mudarse juntos a Nueva York, un lugar en el que Dickerson había vivido brevemente en el verano de 2010.

Para llegar ahí, hicieron la promesa de que trabajarían, compartirían la renta y ahorrarían. Decidieron que podrían mudarse en nueve meses.

El primer paso era compartir un cuarto en una casa en Bartlett y la calle 22; una habitación que es casi la misma desde que Dickerson la dejó el 2 de diciembre.

“No estaba segura qué hacer con sus cosas. Pensé, ¿lo pongo todo en cajas?”, dijo Droll.

Junto a la cama que los amigos compartían, los tres tubos de su desodorante Old Spice seguían encima del buró de Droll. En el escritorio, Dickerson dejó un juego adicional de llaves y un par de lentes. En el clóset, todos sus trajes y playeras con botones siguen en los ganchos. Lo único que no está es el equipo de música que su tía recogió hace poco.

Dickerson y Droll habían hablado sobre la muerte muchas veces en el pasado —la de él y la de aquéllos que había perdido incluyendo su padre, quien murió en un accidente de motocicleta cuando él tenía dos años de edad, y un amigo de la escuela, que falleció poco después de haberse graduado.

Cuando el suicidio surgió, Dijo Droll, él dijo que esa no era una opción. Él le dijo que no le podría hacer eso a su mamá. Además, el suicidio no es una conversación que hayan tenido hace poco.

Una fotografía del mar y la arena tomada la tarde del 2 de diciembre.

Aunque ella conocía a Dickerson como alguien con puntos altos muy intensos y puntos bajos muy severos, parecía que últimamente todo le estaba yendo bien.

Lo contrataron en Rolo y tocaba el teclado en Feie, una banda local que tocaba en la ciudad. Droll y Dickerson disfrutaban de jugar billar en Bacchus Kirk en las calles Bush y Taylor y aunque tuvo que renunciar a la liguilla de billar Lucky Shots cuando empezó en Rolo, siguió jugando por la diversión.

El trabajo de tiempo completo significó que Dickerson le pagó el dinero que tomó prestado de sus amigos para el depósito del departamento y ya había comenzado a ahorrar, dijo Droll.

Al recordar, dijo ella, él se topó con un problema menor hace algunas semanas antes de que desapareciera cuando perdió su identificación a mediados de noviembre. No tenía una cuenta bancaria por lo que el propietario de Rolo le ayudó a cobrar su cheque el 1ro de diciembre.

El mismo día, dijo Droll, el propietario del local se reunió con Dickerson para una reseña laboral y después lo dejó salir temprano a almorzar. Dickerson salió caminando y no regresó. La reseña laboral no fue algo que mencionó a Droll cuando regresó a casa después de la 1 de la madrugada del 2 de diciembre ni la mañana antes de irse a trabajar.

Poco después, Droll descubrió gracias a los registros telefónicos de Dickerson que su jefe le había enviado mensajes de texto la tarde del 1ro de diciembre preguntándole dónde estaba. Los registros telefónicos muestran que Dickerson contestó el mensaje alrededor de las 11:30 p.m., esa noche y se disculpó.

En un mensaje de texto, Dickerson explicó que tenía autismo. Su jefe respondió que su mensaje sonaba como una excusa y que no quería trabajar con él si no podía confiar en que regresara a trabajar, dijo Droll.

Su jefe se negó a hablar para este artículo y el gerente del local precisó que no estaba claro qué había sucedido en la reseña.

Aunque Dickerson nunca ha sido diagnosticado con autismo o síndrome de Asperger, su compañero de piso y su madre precisaron que se preguntaban si lo padecía debido a su tendencia a desconectarse de un momento al otro. Hace varios meses, por ejemplo, cambió su número telefónico pero se olvidó de decirle a sus amigos o familiares.

Su madre, quien dijo que hablaba con Dickerson una vez cada dos o tres semanas durante algunas horas cada vez, llamó a Droll cuando no pudo ponerse en contacto con él. Droll no estaba sorprendida de que su amigo se hubiera olvidado de avisarle a su mamá sobre el cambió y bromeó con él. “Shawn, ¡no le dijiste a tu mamá!”, recordó haberle dicho a su amigo.

Una fotografía de una comida que Dickerson tuvo, seguramente en House of Nanking, un lugar que él y Droll disfrutaban.

Brucker, su mamá, acordó que su hijo había estado muy feliz recientemente. Cuando desapareció por primera vez, no se preocupó mucho porque así era él cuando se iba de aventura sin decirle a nadie. “Es muy aventurero”, dijo. “Lo puedo ver empacar y viajar por Europa… No estoy sorprendida de que se haya ido pero me sorprende que haya durado tanto. Después de dos semanas, nos espantamos y pensamos ¿habrá pasado algo?”.

Brucker dijo que su hijo había estado emocionado por verla este mes.

Su mamá le dijo que le pidiera a su jefe unos días de descanso para que viajara a Colorado, pero no está claro si Dickerson lo hizo.

La última llamada que hizo Dickerson de su iPhone fue el 2 de diciembre a alrededor de la 1:14 de la madrugada mientras regresaba caminando a su departamento, según Droll.

La llamada fue a un vecino que vivía cerca y mientras platicaban por teléfono, Dickerson lo encontró sentado en sus escalones y platicaron durante un minuto afuera. Dickerson, luego le dijo el vecino a Droll, se veía frustrado, y le dijo que había perdido su trabajo.

El vecino no regresó las llamadas que hizo Mission Loc@l.

Una vez que Dickerson entró esa madrugada, no mencionó haber perdido su trabajo ni haber tenido problemas en el trabajo, dijo Droll. Ella no se dio cuenta que era alguien que estaba listo para abandonar su vida. Y al día siguiente cuando se fue, dijo ella, dejó una chamarra pesada que normalmente se hubiera llevado si iba muy lejos.

Ni Droll ni su mamá creen que el haber perdido su trabajo lo habría puesto nervioso. “A Shawn no le importa”, dijo Droll. “Tiene que haber sido algo más. Podría haber fácilmente conseguido otro trabajo”.

Dickerson, quien fue denunciado como desaparecido el 6 de diciembre, ahora se encuentra como persona extraviada en la base de datos nacional. Si lo arrestan, aparecerá como persona extraviada. De lo contrario, lo único que puede hacer el inspector es mantenerse en contacto con la gente con la que ha estado en contacto.

Los registros telefónicos muestran que no usó su iPhone después del 2 de diciembre. Cuando Droll le llamó el 3 de diciembre, se fue directo al buzón de voz.

El inspector de la policía de San Francisco, Joe Carroll, le dijo a Mission Loc@l que hay aproximadamente 300 denuncias de personas extraviadas que se acumulan cada mes en San Francisco. “La gran mayoría de ellas son localizadas”, dijo. “Algunas veces la gente simplemente se va, pasan el tiempo por un rato pero a menudo no es tanto tiempo”.

Dickerson mide 5’9, pesa 145 libras y tiene cabello rubio y ojos azules. No tiene tatuajes ni grandes cicatrices. Si tiene cualquier tipo de información, por favor póngase en contacto con el inspector Joe Carroll de la Unidad de Personas Extraviadas al 415-558-5508. Para más fotografías e información, haga clic aquí