Un camión rojo Dodge Ram se detiene en la calle Hampshire en la esquina de la calle 24, y Chicken John y otros tres muchachos se bajan. Sus ojos revisan rápidamente el muro de tabique color café con extra crema del Mercado Tony’s. Y después, el miércoles 4 de enero, echaron manos a la obra.

Por la parte de atrás del camión descargan una mesa plegable, cubetas, rodillos de pintura, brochas, guantes de látex y el artículo más anticipado de todos: una caja negra de cartón que contiene dos grandes impresiones enrolladas de Caledonia Dance Curry, la artista callejera de Brooklyn conocida como Swoon.

Chiken John, un buen amigo de Swoon que ha colaborado con ella en el pasado, ha acordado pegar con engrudo los contenidos de la caja que la artista le ha enviado; acordó hacerlo en el mismo lugar en el que ella había pegado con engrudo una pieza hace más de tres años. Esa pieza sobrevivió a los elementos y a la gente que la rayó y capturó corazones en la Misión con su detallada belleza. Después, hace más de cuatro meses, desapareció.

“Estaba caminando por la calle hace algunas semanas, y cuando me di cuenta de la pared en blanco fue como un hoyo en el corazón del barrio”, dijo Annice Jacoby, editora de “Street Art San Francisco: Mission Muralismo”, y admiradora de la obra de Swoon.

La pieza en la calle Hampshire esquina con la 24 mostraba la cara de una muchacha con un abanico como tocado que parecía haber sido forjado en un fino encaje blanco. Era un retrato que recordaba a Silvia Elena, una adolescente víctima de los feminicidios en Juárez, México, que condena las vidas que ha tomado de por lo menos miles de mujeres desde 1993.

En sus conferencias, Jacoby usaba la obra artística como un ejemplo significativo de la fusión de compromiso social y estético. Está aquí hoy para asegurarse de que dicha pieza se restaure.

El equipo delicadamente desenrolla la delgada pieza hecha en papel de calca sobre la mesa para el entretenimiento de los pocos que se reunieron para el evento.

Jacoby está atónita. La pieza descubierta ante ella es completamente diferente.

“No sé sobre esta pieza”, dijo Jacoby, intrigada por las sólidas líneas negras y lo que parecen ser dos caras. “Nos vamos a enterar todos de esta pieza. Tengo mucha curiosidad sobre cuál es el tema de esta”.

“Qué bien”, dijo un hombre que pasaba caminando y que vio la obra.

“Estoy muy feliz de ver que haces esto”, dijo otro.

Uno de los ayudantes de Chicken John va rápido a la tlapalería para comprar el pegamento que van a necesitar. Mientras tanto, Chicken John observa su teléfono y lee un mensaje de Swoon que tiene las direcciones sobre cómo colocar la pieza en el muro.

“Quiere que las caras se alejen entre sí”, anunció. Él espera que Swoon (o Callie, como él la llama), llame en cualquier momento para explicarle.

La emoción crece mientras los curiosos se imaginan cómo se vera la nueva pieza. El muro está desnudo excepto por la vista de una copia a detalle de la obra desaparecida, muy cariñosamente pegada a manera de tributo.

Los materiales están listos. Los que van a pegar con engrudo están listos. El propietario de Tony’s Market, junto con el casero del edificio, no sólo acordaron hacer esto, sino que lo han motivado.

“Es un ciclo muy dulce”, dijo Jacoby. “Muy rara vez algo se restaura en un proceso comunitario como este”.

El teléfono de Chicken John suena. Los admiradores de Swoon se ven entre sí y sonríen.

“Hola Callie”, dice él casualmente.

Las orejas se esfuerzan por escuchar la conversación para sencillamente escuchar su voz, su emoción, de lo que se trata este regalo a la Misión.

“Sip, tenemos los materiales”, dijo Chicken John, quien da unos pasos hacia la acera para hablar.

Un feo muro está a punto de ser transformado. Pero no hoy.

“Abortamos”, dijo Chicken John al regresar.

“¿Qué?” le preguntó la multitud sin creerle.

“No le gusta”, dijo.

“¿Qué pasó?”, preguntaron.

“Ha habido dos errores”, dijo. El primero es que pensó que el muro era blanco. “Nunca nos hubiera dado esta pieza si supiera que el muro era de este color”.

Lo segundo es que la impresión se fabricó mal. “Esto se debería haber impreso al revés”, dijo al señalar la pieza.

La pequeña multitud está atónita.

“Jaco, vamos a empacar esto”, le dijo a uno de los encargos de poner el engrudo.

Jaco salta y comienza a cargar todo de vuelta al camión.

“Dijo que le diéramos dos semanas”, precisó Chicken John. “Me va a mandar otra pieza”.

“¿Y esta?”, preguntó alguien.

“Me dijo que me la quedara”, contestó. “Lo apropiado llegará en algún punto en el tiempo”.

Jacoby y los otros están decepcionados, pero quieren que Swoon esté feliz. Y ahora tienen algo más que esperar: la próxima pieza llegará por correo.

“Creo que va a estar bien”, dijo Jacoby de la restauración que no sucedió. “Me estoy emocionando más”.

Nada Queda por Desvanecerse: La Historia de la Desaparición y Por Qué Swoon Envió un Reemplazo.

Ariana Terrence se detuvo abruptamente cuando lo vio esa mañana a finales de agosto: la banqueta estaba bloqueada con cinta de precaución amarilla, las gotas rojas salpicadas por un lado del edificio de ladrillo. Su mente se aceleró. ¿Por qué alguien haría esto?

Pero ahí estaban: letras gordas pintadas con spray en la parte lateral de Tony’s Market en la calle 24 y Hampshire: “V-O-T-E”.

La pintura chorreaba desde la parte de arriba del primer piso, 67 filas de ladrillo de altura, chorreando por encima de uno de los murales más queridos  de la Misión —un retrato pegado con engrudo hace tres años estilo encaje que conmemora a Silvia Elena, una adolescente víctima de los feminicidios en Juárez, México.

“Estaba estupefacta. Atónita”, dijo Terrence. Para cuando se encontró con él de camino al Centro para las Artes de Mural Precita Eyes, la mitad de la pieza de Swoon había sido lavada a presión cuando dos hombres estaban eliminando el graffiti.

En un barrio en el que abunda el graffiti, el edificio ya había visto su parte de rayones y trabajos subsiguientes de pintura. Pero hasta ese día, Terrence dijo, la pieza de Swoon había estado intacta porque la gente reconocía qué tan especial era.

“Era una regla no dicha”, dijo. “Sencillamente, no se hacía”.

Como directora de comunicaciones en Precita Eyes, Terrence a menudo alentaba a los visitantes a que fueran a ver la pieza que se había convertido en una de las icónicas imágenes de la artista. “Tenemos un mapa de murales”, dijo, “y escribíamos con lápiz en el mapa, asegúrese de ver la pieza de Swoon en Hampshire y la 24”.

Mucha gente regresaba a agradecerle por haberlo señalado. “Era algo tan hermoso, tan importante para todos nosotros”, dijo.

Cuando vio que estaban lavando el mural enfrente de sus ojos, recordó a alguien que sabía que estaría más devastada que los demás: Kassa Mehari, propietario de Tony’s Market. Él había conocido a Swoon justo antes de que la pieza apareciera en la parte lateral de su local, habló con ella sobre la pieza, y desarrolló un gran orgullo por la pieza. Se convirtió en algo que la gente venía a ver, y los clientes le preguntaban una y otra vez sobre la historia detrás de la pieza.

Terrence lo encontró enfrente del local, observando el muro.

“Me volteó a ver. Fue tan triste”, dijo.

Mehari había tratado en muchas ocasiones que alguien dividiera el costo de una capa protectora para la pieza. “Le pregunté a mucha gente”, dijo. “Pero nadie pudo ayudarme”.

Mehari precisó que el propietario del edificio, Bart Murphy, también estaba molesto e infeliz sobre sus opciones después de haber recibido una multa de la ciudad que le ordenaba que eliminara el graffiti de su edificio en 30 días. “Estaba entre la espada y la pared”, dijo Murphy.

Swoon no le había pedido permiso para poner la pieza, pero como Mehari, él se había apegado a ella. “Era grandioso”, dijo.

Mehari y Murphy expresaron interés en hacer que Swoon regresara para poner otra pieza. “Intente todo lo que pueda”, le rogó Mehari a Terrence cuando ella le dijo que intentaría ponerse en contacto con Swoon.

Mehari dijo que le encantaba la pieza porque hacía que la comunidad estuviera conciente de lo que estaba sucediendo en la frontera. “El mural dice la verdad. Una realidad”, dijo. Contaba la historia de Silvia Elena “en busca de una vida mejor que terminó en malas manos”.

“Dice mucho, la forma en que enfrentamos este mundo”, dijo. Se convirtió en una pieza sobre levantar la voz. Es arte, dijo, eso cambió a la comunidad para bien.

Jorge Escobar, de 18 años de edad, quien vive enfrente de Tony’s Market en los Departamentos Bethel sobre la calle Hampshire, estuvo de acuerdo. Él había admirado el mural todas las mañanas al irse de su departamento para llevar a la hija de su novia a la escuela. “Muchos de los críticos opinan que nuestro barrio es bueno o malo, pero cosas como estas hacen que nuestro barrio sea más agradable”, dijo. “Es bueno cuando la gente viene y hace que nuestro barrio sea presentable… que ayudan a la comunidad”.

Para Patricia Rose, muralista en Precita Eyes, la pieza se hizo cada vez más convincente con el paso del tiempo. Cuando apareció por primera vez, ella sabía muy poco de la pieza y muy poco de la artista. Pero después de haber investigado con su colega y compañera de trabajo y admiradora de Swoon, Cindy DeLosa, se dio cuenta que había una sólida narrativa.

“Llegamos a conocer a la artista por medio de una de sus piezas”, dijo Rose. “Fue como una especie de búsqueda del tesoro para mí. Daba un paso, aprendía un poco, daba otro paso, aprendía otro poco más”.

Swoon se ha hecho famosa por poner imágenes fascinantes en lugares en donde no deberían estar. Parte de la emoción para ella al hacer arte público es hacer que la gente se tropiece con sus obras, se comprometa con ellas y las vea marchitar.

Rose estaba muy impresionada por el gran sistema de apoyo a Swoon y admiró su firme colaboración con otros artistas. Ella sospecha que los colaboradores ayudaron a Swoon a visualizar el lugar en las calles 24 y Hampshire en 2008; además, le ayudó a instalar la pieza durante la noche. La gente está dispuesta a ayudarla porque creen en ella, dijo Rose.

Un libro sobre Swoon y su obra, titulado “Swoon”, incluye un ensayo de Jeff Stark, un amigo de la artista quien describe trabajar con Swoon en el Proyecto Miss Rockaway Armada así: “¿Por qué aceptamos todos? Ojos salvajes y complicidad. Esa pícara sonrisa. La forma en que se emociona tanto que no se puede sentar y estar quieta”.

A Rose le encantaba en especial las partes cortadas de papel de la pieza que rodeaban el retrato de una joven a manera de un halo, y el cual sabe que tomó un control de mano muy especial para crear. “Acababa de llevarlo a la estratósfera en cuanto a complejidad, belleza y originalidad”, dijo Rose.

No obstante, Rose supo todo el tiempo que la pieza los dejaría inevitablemente. “Todo el graffiti se elimina o se altera con el paso del tiempo”, dijo. “Estaba bastante dispuesta a ver ese proceso”.

Como artista pública, ella también sabe que el proceso puede ser más emocionante para el artista que el producto terminado. “Estar afuera en la calle y hacer el mural es la verdadera emoción para mí”, dijo. “Tanto que incluso cuando se había terminado, estaba casi privada”. Ella piensa que Swoon se pudo haber sentido de la misma forma.

Rose dijo que la pieza “ya nos había dado tanto que en realidad no lo experimenté como una poseída”.

Sin embargo, Terrence y otros no pudieron dejarlo ir. Durante meses intentaron ponerse en contacto con Swoon para decirle cuánto significaba su pieza para la Misión. Sabían que su trabajo estaba despegando en todo el mundo, pero secretamente esperaban que ella quisiera regresar y poner otra pieza.

No tuvieron éxito. Mientras tanto, Murphy llevó la lata de pintura color café con extra crema para pintar el muro innumerables veces para cubrir el graffiti que había aparecido en el lugar de Swoon.

Pero finalmente, cuando Annice Jacoby se topó con la tienda de Mehari hace unas semanas y dijo “ay Dios mío, me quitaron mi mural”, las cosas sucedieron muy rápido.

Mehari le dijo que la gente había estado llegando sin parar preguntando a dónde se habían llevado su mural. “Resulta que el mural le pertenecía a mucha gente”, dijo Jacoby, y el editor comenzó a investigar sus contactos.

Una llamada telefónica a su amiga Lesley Freeman condujo a una llamada telefónica a Chicken John, lo cual condujo a una llamada telefónica a Swoon.

Después de todo, Chicken John tuvo mucho que ver con la pieza original en Hampshire y la 24. Swoon la creó en la casa de Chicken John, cuando ella estuvo en San Francisco en 2008. Chicken John la recuerda “con sus pequeñas manos de duende haciendo un millón de cortecitos”, y recuerda haber visto el progreso de la pieza. “Echaba un vistazo, veía”, dijo. “Ella trabajaba toda la noche y dormía todo el día”.

Las series de llamadas telefónicas condujeron a una promesa.

Cuando Chicken John le pidió a Swoon que restaurara la pieza, “ella inmediatamente dijo que sí”, dijo Jacoby. “Nosotros nos sentimos inmediatamente emocionados”.

Y pronto, en Hampshire y la 24 habrá algo nuevo que desaparecer.