Cuando Ana Rivero Rossi grita “ya”, Todd Hanson sale disparado hacia el tránsito con un par de corazones pintados amarrados por una agujeta. Con un movimiento de muñeca, impulsa los corazones hacia el cielo y observa mientras se elevan en el aire, llenos de posibilidades. O no. Caen en la calle de golpe. Los levanta y los vuelve a echar al aire.

Toma más de una vez, pero logra echarlos a dónde los quiere: colgando de los cables de teléfono a lo largo de la calle 15.

Cuando los corazones comienzan a balancearse, Rossi y la multitud que se ha reunido a observar comienza a aplaudir. Los artistas, que han estado aventando corazones encima de los cables de la ciudad desde octubre para un proyecto que se llama “Love Aquí”, pueden estar seguros de que hay una abundancia de algo en el aire en este pequeño bolsillo de la Misión.

“Se trata de amor”, dijo Rossi sobre el proyecto. “Aquí. Ahora. En el momento presente”.

Comenzó en abril del año pasado, cuando Rossi estaba haciendo corazones magnéticos y se los daba a la gente con quienes sentía un vínculo. Pero la idea para los corazones colgantes provino de su curiosidad sobre los tenis colgando de los cables de teléfono. Originaria de España, a menudo se preguntaba de la historia detrás del fenómeno americano.

“Me intrigaba tanto”, dijo de los tenis. “Le pregunté a mucha gente sobre ellos, y parecía que me daban muchas respuestas diferentes”.

Los mitos urbanos que escuchó fueron sobre drogas, pandillas, violencia o territorio callejero. Se dio cuenta de que el acto de aventar los tenis a los cables era un idioma urbano. Pero era un idioma que provino de un lugar bajo y oscuro.

“Pensé, ¿puedo usar su idioma para hablar de otras cosas?”, dijo. “¿Se puede hablar de humor, o se puede hablar de amor?”

Fue entonces cuando decidió usar los corazones como señal de amor, para hablar un idioma sobre amor.

Rossi comenzó a hacer pares de corazones de colchones de aire viejos y desinflados, los pintaba de rojo y los amarraba con agujetas. Durante meses, las pilas de corazones estaban en su estudio en Art Explosion, esperando a que los echaran al aire.

Alrededor de la misma época, Hanson estaba trabajando en su propio proyecto sobre amor. Alentaba a la gente a que se detuviera y tomara un momento para reconocer el amor que sentían en sus vidas, documentó todo lo que los transeúntes escribían en etiquetas de aerolíneas para maletas amarradas a una cerca sobre la calle Valencia en su instalación “What Do You Love”.

Cuando Rossi le dijo a un amigo que estaba buscando a alguien que la ayudara a aventar corazones, el amigo le dio el número telefónico de Hanson. “Está haciendo cosas ridículas”, le dijo su amigo de Hanson. “Seguramente él te ayudará”.

Cuando Hanson escuchó del proyecto de Rossi, sintió ganas de ayudarle. “Necesitaba a un cómplice”, dijo. Ya estaba familiarizado con el idioma de los tenis en los cables, y había estado haciendo su propia obra en respuesta a eso. Su esténcil de un par de tenis desamarrados se puede ver en la Misión, el cual invita a los espectadores a que se pregunten de dónde provienen los tenis. “¿Se acaban de caer de los cables?”, preguntó.

Y entonces, dijo Hanson, fue una especie de destino que hizo que los dos artistas se conocieran y hablaran un nuevo idioma en las calles. Comenzaron a producir los corazones en su departamento en Noe Valley, en donde las piezas de colchones desinflados, los ojales y las herramientas, una engrapadora, un martillo y una pistola de pegamento estaban esparcidos en una alfombra oriental.

El proceso tiene que ver con cortar los colchones en forma de corazón, engraparlos, rellenarlos con lo que puedan encontrar para que tengan peso, martillar ojales, sellarlos, pintarlos, esperar a que las capas de pintura se sequen, golpearlos y atarlos.

Y después sigue la distribución —algunas veces durante el día, algunas veces durante la noche. Rossi y Hanson andan en sus bicis en la ciudad en busca de áreas en donde creen que los corazones se necesitan energéticamente. A menudo toma 45 minutos o más.

Es difícil de explicar, dijo Hanson. Pero cuando se cruzan con el lugar apropiado para un par de corazones, lo saben. “Simplemente se siente como que necesita un poco de amor”, dijo.

Él calcula que han soltado entre 14 y 15 pares en un proyecto que se ha hecho interactivo y entretenido. “Cuando la gente ve que está sucediendo, se interesan”, dijo Hanson o “el muchacho corazón”, como lo conocen. “Intento incluir a la gente cuando hago cosas, para que no sólo sean público”.

La gente que se ha cruzado con una de estas acciones ha gritado cosas desde sus autos, tocado el claxon y se han bajado de sus bicicletas para ser parte de la emoción. Observan, esperan, se aguantan la respiración, aplauden y se ríen. Aplauden cuando Hanson amarra los corazones en el cable y gimen cuando no lo logra.

Un hombre comenzó a bailar cuando los vio aventando los corazones y gritó: “¡Ya llegó el amor a esta ciudad!”

Mucha gente les agradeció por hacer el proyecto, y algunos incluso preguntaron si podían intentarlo. A lo que Hanson felizmente les dio los corazones.

“Toma alrededor de 10 veces ponerlos ‘allá arriba’”, dijo. “No puedo necesariamente controlar lo que les pasa”.

Aquellos que se han cruzado con los artistas en acción todavía pueden adivinar de qué se trata el idioma. Mucho después de que Hanson y Rossi dejaron los pares de corazones encima de la calle 15, Shakarri Miller, de 17 años de edad, los observa. Cuando se le preguntó qué pensaba que significaban, contesto que “ojalá sea amor y paz”.

Y cuando Kathi, de visita de Austria y quien paseaba por un callejón de murales, se dio cuenta del par de corazones encima de ella, dijo que si los tenis colgantes son en verdad sobre pandillas y venganza, entonces poner los corazones es una agradable contra actividad. “Para mí, los corazones son sobre la comunidad”, dijo. “Si están en un lugar público, entonces significa algo positivo”.

Hasta ahora, “Love Aquí” se ha esparcido por todo San Francisco y, a través de los pares de corazones dados a los amigos, tan lejos como Nueva York, México y Paris.

En cuanto al futuro del proyecto, Hanson y Rossi opinan que no están seguros de a dónde va, pero que lo sabrán al recorrer el camino.

Por ahora, seguirán aventando sus corazones al cielo en espera de que más y más gente comience a hablar su idioma.

“Es mi forma de saber que el amor está presente”, dijo Rossi. “Que está dentro de nosotros. Eso es universal, y que no hay falta de amor sino abundancia”.