El propietario de la Rodalla, Carlos Barrios, tenía alrededor de 30 años cuando se encargó del restaurante de sus padres a finales de los 80; administró el restaurante durante 20 años. Si este otoño las cosas suceden como se han planeado, pasará la gerencia a sus dos hijas. Ya ha transferido la propiedad a sus nombres.

“No voy a estar toda la vida”, dijo Barrios, quien hace poco padeció un paro. Aunque quiere participar en el restaurante lo más que pueda, los doctores le dijeron que tiene que descansar. Es por eso que Betty Barrios, de 25, y su hermana Luna, de 23, se encargarán del restaurante. Ellas esperan abrir el restaurante para finales de noviembre o para comienzos de diciembre.

Entre ahora y entonces hay mucho que hacer.

Se espera que el restaurante abra a fines de noviembre o principios de diciembre.

El restaurante, el cual cerró en 2007 después de que una inspección de salubridad hubiera dado a conocer las varias infracciones, incluyendo cucarachas y heces de roedores, parece estar lejos de abrir en un futuro próximo. Aparte de una vieja rocola en la parte de atrás, una mesa con algunas sillas, algunos vasos desechables y vasitos tequileros, el lugar está vacío.

Todavía falta poner vigas, tablaroca y un piso. Varios pedazos de madera se encuentran apilados. Desde que el restaurante cerró en 2007, Barrios ha tratado de volver a abrir pero se ha topado con problemas de remodelación. Hace poco, presentó una demanda en contra de su primer contratista y arquitecto porque, según dice él, no siguió las reglas municipales.

“Es de confiar, creía lo que decía y pensaba que sabía lo que estaba haciendo, pero en realidad no lo sabía”, dijo Betty, la hija del propietario, en referencia al contratista.

Varios residentes de la Misión también se han acercado al propietario para hablar con él sobre la renta del espacio. Un bar de deportes estuvo muy cerca de reemplazar al restaurante mexicano. Sin embargo, alguien en el proyecto le dijo a MIssion Loc@l en julio de 2010 que Barrios terminó por negarse a vender.

“Traté de que las cosas funcionaran”, dijo Barrios. “Pensé que era lo mejor para mis hijas. Mi papá lo hizo por mí y yo quería regresarle el favor”.

El futuro comedor.

Betty dijo que ahora las remodelaciones ya se han estado haciendo.

Hace poco, su papá contrató a un nuevo contratista y según el Departamento de Inspección de Edificios de la ciudad ya se instaló un sistema de riego en aspersores de $15,000 en el sótano, y un sistema de supresión de incendios de $3,000 dólares en la cocina. También gastaron $35,000 en una nueva vitrina.

“Ya vamos por buen camino otra vez”, dijo Betty mientras caminaba por el restaurante en donde las remodelaciones ya han llegado a más de $500,000 dólares, dijeron las hermanas.

Aunque las dos hermanas han tenido algunos trabajos de restaurantes y de comercio al por mayor, su experiencia inicial fue cuando crecieron en el negocio familiar.

“Cuando estábamos chicas, nuestros abuelos nos decían que ‘un día van a administrar este lugar’. En ese entonces, no sabíamos sí lo íbamos a hacer o no”, dijo Betty.

Cuando tenían ocho o nueve años, jugaban a ser meseras, dijo Luna. “Recogíamos los platos de la gente y nos daban propinas”.

Cuando crecieron, su papá las contrató como meseras.

“Cuando eran niñas, las ponía de meseras. Tenían turnos y todo. Lo hice por ellas”, dijo.

En donde se pondrá el bar.

En los últimos años , Betty ha criado a su hija de dos años y a su hijo de cinco. El 1ro de septiembre dio a luz a otra pequeña de nombre Aliyah.

Luna, su hermana, opinó sentirse presionada porque no tiene hijos. Su mamá y co-propietaria del restaurante, Esperanza Barrios, así como su cuñado quien trabajara como guardia de seguridad le ayudarán a Betty con los niños. Luna trabajó en una casa de jubilados en la Marina pero renunció hace un año para ayudarle a su papá con las remodelaciones. Planea tomar clases de negocios y de cocina en la Universidad Comunitaria de San Francisco.

De alguna forma, el que ellas administren el restaurante se parece a lo que sucedió con su padre. Barrios también se encargó de La Rondalla después de que sus padres se enfermaron. Inmediatamente, Barrios comenzó a tomar todas las decisiones para el negocio pero se aseguró de hacérselo saber primero a sus padres. Sus hijas expresaron esperar que las cosas sean similares a cuando volvieron a abrir.

La nueva versión de La Rondalla tendrá una cocina mexicana tradicional en una atmósfera parecida a la de una Hacienda. Tendrán las populares margaritas, pero también quieren modernizar un poco el menú.

Betty y Luna en el interior del restaurante de la familia.

Luna y Betty están en el proceso de contratar gente, dijeron. Las hijas esperan que Mario Hernández, quien ha sido cocinero en el restaurante de la familia por más de 20 años, regrese y trabaje con ellas aunque Luna dijo que todavía no se lo pide.

“Estamos muy emocionadas. Hemos estado lidiando con todo esto por mucho tiempo. Ha sido un proceso largo”, dijo Betty.

“Estamos muy emocionadas pero también nerviosas”, agregó Luna.