Balacera Desata Recuerdos y Tácticas de Supervivencia

La policía declaró el día de hoy que la balacera en Valencia Gardens del lunes a las 7:30 de la noche, en la que las familias y clientes de restaurantes locales salieron huyendo para esconderse, no está relacionada con pandillas.

Aunque no esté relacionada con el alza en la reciente violencia de pandillas, la balacera invocó recuerdos desagradables para Frankie Soto, de 37 años de edad, quien ha vivido en el Valencia Gardens durante 20 años —en la época de los 90 cuando el capitán de la estación de policía del Distrito de la Misión se refería al barrio como “la cubeta de sangre” hasta su rediseño y reapertura en 2006.

“Cuando me mudé aquí por primera vez siempre había balaceras por la noche y me tenía que tirar al piso… tenía un año”, dijo.

Esta fue la primer balacera cerca de Valencia Gardens desde enero. En comparación a lo que solía ser en el pasado, dijo Soto, “no ha estado tan mal”.

No todos los residentes están tan tranquilos. Ernestine Mabry, de 56, se mudó a Valencia Gardens hace cuatro años para escapar la violencia que plagaba en su barrio.

“Da miedo. Ya pasé por esto”, dijo Mabry, “mataron a tres tipos justo enfrente de mis niñas en nuestro otro edificio”.

Cuando Mabry llegó por primera vez a Valencia Gardens se sentía segura; no obstante, hace poco las cosas se han “estado saliendo de control”, dijo.

Mientras que Mabry está pensando en mudarse, los pequeños negocios de moda están apareciendo por todo Valencia Gardens. En los últimos años, las cuadras entre las calles 14 y 15 y Guerrero y Valencia se han llenado de nuevos locales y restaurantes, en especial en el lado de Valencia. Four Barrel Coffee, en el 375 de Valencia, fue un éxito inmediato cuando abrió en 2008. Los espacios artísticos y las pequeñas boutiques le han seguido.

La balacera de anoche sucedió sobre Guerrero, pero ahí también hay nuevos negocios. El incidente comenzó alrededor de las 7:30 p.m., cuando un hombre en un auto abrió fuego ante una multitud reunida enfrente de Valencia Gardens.

“Fueron entre ocho y diez disparos… de rápida sucesión, como de un arma automática”, dijo Bill Clarke, propietario de Mission Beach Cafe, el cual abrió en 2007 en la esquina noroeste de las calles Guerrero y 14.

Alguien en el grupo le regreso el disparo e hirió al hombre en el estómago.

El restaurante de Clarke estaba medio lleno cuando sucedió la balacera. Uno de los meseros cerró la puerta de enfrente y apresuró a los comensales a la parte de atrás. Los clientes “se quedaron fríos un momento”, dijo Clarke.

Mientras tanto, el hombre lesionado que estaba afuera huyó en su auto.

Una vez que las cosas se tranquilizaron en la calle Guerrero, los comensales en Mission Beach Cafe regresaron a sus mesas para terminar de comer.

“A todo mundo le pareció bien quedarse”, dijo, “bueno, es la Misión”. 

Sin que ellos lo supieran, el hombre lesionado huyó en su auto a alta velocidad en dirección este sobre la calle 17 lo que llamó la atención de agentes de UCSF, quienes lo persiguieron por haberse pasado un semáforo en alto en la calle Folsom. Por último, en las calles 20 y Folsom, el conductor choco contra otro conductor.

Fue entonces cuando intentó huir a pie, pero la policía lo detuvo, recuperó el arma del vehículo y recibió asistencia médica por heridas superficiales en el Hospital General de San Francisco.

El conductor con el que chocó recibió asistencia médica por lesiones en el cuello.

La policía declaró haber encontrado un arma de fuego en Valencia Gardens. El paradero del segundo sospechoso, el que disparó entre la multitud enfrente de Valencia Gardens, no se sabe.

Mabry y otros residentes culparon la violencia en gente que no es del barrio.

“No es la gente que vive aquí, ellos traen a amigos de otros proyectos de vivienda… gente violenta”, dijo Mabry quien agregó estar lista para cambiar de ambiente. “Estoy tratando de ver si puedo hacer que la Sección 8 cambie”, dijo.


El martes por la tarde, tres adolescentes se reunieron en un porche a media cuadra de distancia de donde sucedió la balacera.

“Desde que sucedió, ha estado tranquilo”, dijo Nick Naval-Mora, alumna de primer grado en la Universidad Comunitaria de San Francisco.

Frankie Soto Jr, de 19, asintió en señal de estar de acuerdo.

“Sí, una tranquilidad de las que dan temor”, dijo ella.

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