Cuando la clínica de Planificación Familiar en la calle Eddy cerró debido a un mal manejo, la Clínica de Salud para la Comunidad del Golden Gate en las calles Valencia y Misión obtuvo más que algunos clientes adicionales. La clínica heredó también a los manifestantes de Planificación Familiar.

En una reciente tarde de viernes, Ron Konopaski de 71 años de edad, puso una silla plegable afuera de la clínica. La clínica cierra los viernes, pero no le importó. El dentista jubilado ha estado viniendo todos los días desde el 9 de marzo. Su deber es asegurarse de que por lo menos dos personas estén enfrente de la clínica en todo momento.

Konopaski y sus colegas activistas creen que el aborto, incluso cuando se realiza debido a una violación, es una abominación en el plan de Dios. Para ellos, los elementos de una persona comienzan en la fertilización: una nueva vida que nadie tiene el derecho de tomar más que Dios.

“Estamos tratando de darles la verdad”, dijo Konopaski. “La Biblia dice que algunos demonios no pueden alejarse con tan sólo oraciones. Creemos que hay demonios en esto, y por eso con la oración y el ayuno será más poderoso”.

Esto no hace que los trabajadores de la clínica sean felices. Adrienne Verrilli, directora de comunicaciones y mercadotecnia para Planificación Familiar en Shasta-Pacific, dijo que los clientes y los trabajadores de la clínica se han quejado de que los activistas los acosan y que se quedan muy cerca de la entrada.

“Toman fotos de los trabajadores y los ponen en el sitio en línea, no sé en dónde”, dijo Verrilli.

El apoyo de la comunidad ha alentado a los trabajadores y a Verrilli en favor de la clínica. Una mujer trajo tulipanes, otra organizó una manifestación improvisada el domingo en honor a la organización. Además, el mes pasado el Club Democrático de Bernal Heights hizo un borrador de una resolución para obtener apoyo.

Esto no ha convencido a los manifestantes, muchos de ellos son veteranos en las luchas en contra del aborto.

Konopaski por ejemplo, quien el viernes estaba sentado en su silla, tiene trípticos sobre la adopción y provida en mano. Viste una gorra de béisbol y una playera con el eslogan: 40 Days for Life (o 40 Días en Favor de la Vida). Ha participado en diversas campañas antiaborto desde hace ya 15 años, pero ésta en particular comenzó en Bryan, Texas en el año 2004. Ha hecho un llamado a los religiosos para pasar la cuaresma ya sea en ayuno, oración o en protesta en contra del aborto.

Hace dos décadas, Konopaski estaba a favor de que la mujer tuviera el derecho de decisión. Poco a poco comenzó a creer que el aborto era malo, incluso cuando se realizaba debido a una violación. “Si alguien asesina a una mujer que está embarazada, sería culpable de dos asesinatos”, dijo. “El caso Roe vs. Wade ha hecho excepciones a las leyes que protegen la vida”.

“Algunas personas abortan niños porque son muy caros”, dijo otra manifestante, una mujer que se identifica como la Sra. Low. “Deben saber que Dios se encargará del niño de una u otra forma”.

Low y su esposo están aquí, dice ella, porque están cansados de ver el dinero del gobierno desperdiciado en servicios que un negocio ofrece facilitándole a la gente el tener sexo sin las repercusiones de ser padres.

La meta es convencer a las madres embarazadas de que no se hagan un aborto en Planificación Familiar, y hacer que la clínica llegue a la bancarrota. Los abortos son, dijo Low, “un negocio donde hay dinero”.

Según una hoja de información de Planificación Familiar que se publicó el año pasado, sólo el 3 por ciento de los fondos de la organización se usan en procedimientos de aborto, y dichos fondos no provienen de fuentes estatales ni federales.

El Título X es el único subsidio del gobierno federal para clínicas como Planificación Familiar, y la Enmienda Hyde evita que dichos fondos se usen para pagar abortos. De acuerdo con el Informe Anual de 2010 de Planificación Familiar para el Norte de California, el Título X compone sólo el 19 por ciento de sus fondos. El resto proviene de cargos privados a pacientes y contribuciones.

La clínica no recibe subsidios de la oficina estatal de Planificación Familiar, pero ese dinero no financia abortos.

El dos por ciento de los clientes de la clínica del año pasado se hicieron abortos. La mayor parte de los servicios que se ofrecieron fueron de control natal, pruebas y tratamiento para enfermedades de transmisión sexual, y exámenes para cáncer.

Actualmente, la clínica de la calle Valencia no ofrece abortos, pero comenzará a ofrecer la píldora abortiva, RU-486, en el mes de mayo y poco después de eso comenzará procedimientos quirúrgicos.

El hecho de que la clínica todavía no ofrezca abortos no parece molestar a los participantes de la vigilia y oraciones, ni siquiera al recién llegado Tom Farnham de 53 años de edad. Este es su primer año haciendo campaña con 40 Days for Life. “Hola”, dijo animadamente mientras un joven empleado de la clínica se acercaba a la puerta.

“No me hable”, dijo ella.

Farnham continúa sonriendo. “Hola”, le dice a una transeúnte.

“Qué contenta estoy de que el aborto sea legal”, refutó.

“Cuando se escoge a Dios uno tiene que rendir cuentas morales a uno mismo, y creo que es ahí de donde proviene la ira”, dijo Farnham, quien ha regresado a la iglesia después de haberse tomado un descanso de cinco años.

Dice estar aquí porque está estupefacto de qué tan fácil es para las mujeres menores de 18 años en California hacerse un aborto, ya que no es necesario la aprobación de los padres de familia. De acuerdo con el informe anual de 2010 de Planificación Familiar, el 6 por ciento de sus clientes son menores de 18 años.

Según la Federación Nacional del Aborto, el 19 por ciento de los procedimientos de aborto en el país se hacen en mujeres de 15 a 19 años de edad. El grupo con más edad es de entre 20 y 24 años de edad y representa el 33 por ciento.

Farnham no hubiera considerado permitir el aborto incluso si una de sus propias hijas hubiera sido violada, aunque opina que hubiera sido una decisión difícil. “Lo que mi fe me dice es que no. Tengo que ser fiel. Pero eso sería muy difícil para mí”.

Más de la mitad de las mujeres que han tenido abortos se identifican como cristianas evangélicas o católicas, según datos de la federación de 2003. Es tan sólo otra señal, para Konopaski, del poder que el dogma de darle el derecho de decisión a la mujer hace que prevalezca en la cultura estadounidense.

“¿Qué ha sucedido en nuestra sociedad con generaciones más jóvenes que les han lavado el cerebro porque creen que si tienen un embarazo no deseado, el aborto o el derecho de decisión es lo que viene a la mente?”, pregunta.

“¿Qué es el derecho de decisión? Bueno, pues significa el aborto entonces en realidad no hay una opción de decisión”.