Traducido por Andrea Valencia

Stephen Bauer se inclina sobre un pedazo de madera y lo apuñala con un desarmador a un ritmo constante. Se siente un poco culpable por el cuidado que puso la persona que hizo este gabinete para que se viera perfecto. Pero un trabajo es un trabajo, y este gabinete se necesita ver viejo y atractivo.

“Barnizo lo que sea siempre y cuando no respire”, dijo Bauer. Cambió el desarmador por una pieza plana de metal y comenzó a despostillar las orillas de la puerta del gabinete.

Bauer, de 58 años de edad nunca antes planeó convertirse en un experto en superficies. Se crió en Kentucky y fue a la escuela de arte en donde se capacitó como grabador.

Sin embargo, para cubrir su colegiatura trabajó como pintor de casas: un trabajo que pagó sus cuentas hasta después que se hubiera mudado a San Francisco a principio de los 80. Pronto se cansó de pintar muros, y cuando Alain Dufour, un vendedor de vinos que se convirtió en creador de gabinetes, le preguntó si podía poner fijador en el gabinete, Bauer aprovechó la oportunidad.

Bauer resultó ser bueno para esta nueva línea de trabajo. Durante las siguientes tres décadas siguió experimentando con cómo aplicar barniz, laca, pintura y tintes a los muebles. Aprendió qué químicos producen cierto tipo de característica en muebles como si estuvieran arruinados por el clima o como si tuvieran brillo. Nunca hizo mucha publicidad, pero su negoció creció de boca en boca.

Detrás de nosotros hay una sala llena de espejos, sillas y una gran superficie de madera: todas ellas necesitan diferentes tratamientos. Estamos sentados en dos o más trabajos en proceso (una sillas acabadas de lijar). Bauer se para y se agacha para mostrarme una pequeña estampilla postal color café oscuro en la parte de abajo de la mesa que va con las sillas. Necesita hacer que toda la silla sea del color y textura de dicha estampilla postal, y es ahí en donde se encuentra el reto.

Bauer levanta la mirada mientras Duane, creador de muebles que ha conocido desde los noventa, llega con unas piezas manchadas de color maple. Los clientes de Duane no estaban felices con los colores y Duane llega en busca del concejo de Bauer.

Bauer observa y frunce el ceño: “no puedes usar un tinte”, dijo con un suspiro, “tienes que usar un tinte a base de agua. Si no adquiere un efecto como salpicado. Regresa después. Te haré una muestra”.

La parte de enfrente del lugar de trabajo está lleno de actividad: gabinetes lijados y pintados. El ambiente huele a químicos y se escucha mucho ruido proveniente de ventiladores gigantes. Billy Betford, de 61 años de edad, está vestido en un traje blanco con una máscara azul y está pintando una litera de color blanco. Betford ha estado trabajando con Bauer durante una década: es uno de siete empleados. La crisis apenas y ha dañado el negocio. Hace poco, el grupo terminó el interior de Michael Mina: un restaurante elegante en el centro de San Francisco.

Aunque Bauer obtiene satisfacción de su trabajo habla sin rodeos sobre sus remordimientos. Hizo todo lo que era seguro, dijo, “nunca he tenido el coraje de hacer mi obra”.

No obstante, los indicios de su talento artístico se pueden ver en su lugar de trabajo. Hace alguna vez, Bauer también construía muebles. En la sala trasera, detrás de una gran mesa de trabajo y sillas en varias etapas de restauración, se encuentra una mesa en laca rojo brillante. “Vendí por lo menos 80 de estas”, dijo Bauer orgulloso. “Desafortunadamente no hay dinero que se pueda ganar por hacerlas”.

Uno de sus empleados, señaló las pruebas de la vida creativa en proceso. El hijo de Bauer, Asher, es alumno de cine y tiene 21 años de edad. Sin embargo también trabaja en el negocio de la familia. Asher señala fotos del otro trabajo de su papá: pinturas fotorealistas de escarabajos y catarinas puestas en la pared con postales y fotos de Asher creciendo.

Algunas veces Bauer pinta sobre su trabajo. No sólo el tipo de pintura que haría en su tiempo libre. Asher toma otra fotografía de un gabinete comisionado para lo que Asher describe como un gabinete del oeste “exagerado”.

Bauer se acerca y nota la fotografía. “Todavía me acuerdo estar pintando el símbolo de la paz en el lado de ese gabinete en el cuarto de hotel cerca del Lago Tahoe”. Y soltó una carcajada con gusto.