Incendio de Categoría Tres en Calles 23 y Capp Desplaza a Más de 20 Personas

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Más de veinte personas quedaron desplazadas después de un incendio de categoría tres que afectó a cinco edificios cerca de las calles 23 y Capp el pasado sábado por la mañana, indicaron las autoridades.

No se denunció ningún inquilino lesionado, pero un bombero fue atendido por deshidratación, precisó Mark Gonzáles, asistente de operaciones del Departamento de Bomberos de San Francisco.

El incendio comenzó alrededor de las 9:30 de la mañana en un departamento del primer piso del edificio en el 3222 de la calle 23, según el periódico Chronicle. En total hubo cinco unidades afectadas en por lo menos tres edificios sobre la calle Capp y un edificio adyacente en la calle 23. Más de 20 personas quedaron desplazadas por el incendio, indicó Kathleen Maclay de la Cruz Roja.

Los bomberos fueron enviados a lo que al principio se catalogó como un incendio de categoría dos y que después se clasificó de categoría tres. “Fue un incendio difícil, llegar hasta ahí y pelearlo agresivamente en los cinco edificios”, dijo Gonzáles.

Se enviaron alrededor de 150 bomberos para evitar que el incendio se esparciera, ya que las propiedades están hechas de madera, precisó Gonzáles. Al menos cuatro de los edificios se construyeron en 1900, de acuerdo con registros de propiedad.

“Me sorprende que lo hayan contenido cuando lo hicieron”, dijo Gonzáles. “Todas las unidades presentes hicieron un buen trabajo”.

Ursula Newenhouse, quien vive en el edificio 763-765 de la calle Capp, fue despertada por sus vecinos de arriba. “Me desperté porque mis vecinos estaban gritando ¡fuego, fuego!”, dijo. “No agarré mi bolso, sólo a mi perro”.

El vecino de arriba, Hussain, dijo haberse levantado y ver el fuego salir por el patio trasero y hacia la cocina. Mientras platicaba con periodistas, Hussain se encontraba en el perímetro del incendio sin zapatos. Sus tres compañeros de piso, que estaban cerca de ahí, parecían impactados por la experiencia.

El labrador amarillo de Newenhouse, Lola, no dejaba de tratar de entrar al edificio. Al ver que Newenhouse se preocupaba, Madonna Gevargas, una vecina de enfrente, le dio una correa para que no se le fuera el perro.

“Es lo menos que pude hacer”, dijo Gevargas.

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