El Hotel Royan en la esquina de las calles 15 y Valencia ofrece una vista formidable, pero los inquilinos con la mejor vista son once antenas escondidas en el penthouse: una solución para apaciguar las objeciones estéticas que pueden hacer menos probable la aprobación de la ciudad.
Si la Comisión de Urbanismo aprueba la propuesta de T-Mobile, se podrán añadir tres paneles de antenas en la azotea del penthouse. No está claro qué sucederá, pero el debate en la Comisión de Urbanismo del día jueves será uno que se repetirá cientos de veces en los próximos cinco años en San Francisco, y cientos de veces en todo el país a medida de que los proveedores de servicio celular inalámbrico se disputan entre sí por expandirse. Cada antena representa otra victoria en un mercado que valdrá $160 miles de millones de dólares para diciembre de 2010, según la Asociación Inalámbrica CTIA.
Los proveedores más grandes ya poseen por lo menos 3,325 antenas inalámbricas en San Francisco incluyendo alrededor de 192 repartidas en 32 lugares en la Misión. En una batalla llena de contradicciones, ya se han planeado casi 294 nuevos sitios para antenas de telefonía celular para la ciudad en los próximos cinco años, 13 de los cuales están en la Misión.
Aunque el temor de los riesgos que representa a la salud puede retrasar un proyecto que termine por no poder convencer a los funcionarios a que nieguen un permiso, las olas emitidas de las antenas son reguladas por la Comisión Federal de Comunicaciones y cumplen con las normas del organismo. Las ciudades sólo pueden negar un permiso bajo razones estéticas, o si el proveedor ya posee una amplia cobertura en el área.
“Ese es el único gancho que las municipalidades tienen”, dijo Diego Sánchez, urbanista para la ciudad, en referencia a la base de regulación de antenas inalámbricas. “No he visto argumentos muy convincentes en contra del uso estético”.
Y en muchos casos, así como la razón del retraso en la instalación de los paneles de antenas en el Royan, el tema de la salud es lo que los residentes han objetado más.
Abe, cajero en E & M Market que se encuentra a lado del Hotel Royan, es el ejemplo típico de la reacción que muchos mostraron.
“Nos quieren matar, ¿no? Si es malo para mí, no lo quiero”.
Por otro lado, se encuentra la reacción de residentes como Todd Lapin, editor del blog Bernalwood, quien vive cerca de Bernal. Las campañas para poner un alto a la instalación de antenas inalámbricas adicionales se basa en el miedo y en una falta de entendimiento de la ciencia que se usa, dijo.
“No tenemos suficientes antenas”, dijo Lapin, “hay mucha gente que consume mucha información sin suficientes antenas”.
Los estudios realizados hasta la fecha muestran resultados inconclusos sobre los riesgos a la salud, ya sea a largo o corto plazo; sin embargo, quienes se oponen opinan que simple y sencillamente no hay suficiente acceso a datos. Y lo que es más, en algunos casos, las compañías han estado cerca de sobrepasar los límites de emisión en la azotea en donde se encuentran los paneles de antenas.
Para los dueños de propiedades, incluyendo edificios públicos y privados, el argumento es de tipo económico. Por ejemplo, Bharat Bhakta, el dueño del Hotel Royan, quien ya gana $700 dólares al mes por permitirle a -Mobile almacenar sus radio gabinetes remotos en el sótano del hotel recibirá además el doble de dicha cantidad en caso de que se aprueben las antenas.
“Igual que si uno tuviera un local vacante y alguien le pregunta si lo quiere rentar, a uno no le gustaría negar el espacio vacío”, dijo con un acento marcado, “es un ingreso adicional. Cualquiera lo haría, no va a dañar a nadie”.
En otros casos, dijo, cumple con los requisitos estéticos y de necesidad.
Las tres antenas inalámbricas propuestas en el Royan se distinguirán como chimeneas en la azotea del penthouse para que se camuflajeen en el paisaje urbano. Además, T-Mobile necesita expandirse para cumplir con la demanda de usuarios de telefonía celular, en particular para aquéllos que usan datos, y para llenar los huecos en el servicio, dijo Rod De la Rosa, funcionario de asuntos exteriores para T-Mobile.
La compañía, la cual intentará fusionarse con AT&T, tiene 29 antenas repartidas en ocho sitios en la Misión, planeará establecer tres sitios adicionales en los próximos cinco años.
“Sabemos que la gente quiere usar sus teléfonos en todos lados”, dijo, “esa es la expectativa”.
Con todo y todo, los ingenieros de radiofrecuencia de T-Mobile hablaron en mayo y julio con los residentes del Hotel Royan sobre las consecuencias que tendría el colocar tres antenas más. No está claro si los inquilinos se sintieron satisfechos o no.
Pratibha Tekkey, organizadora líder en el Colaborativo de SRO (hoteles de ocupación individual) Central City, precisó que los inquilinos se reunirán hoy para hablar sobre su posición en la propuesta antes de la reunión del jueves de la Comisión de Urbanismo.
Un informe presentado ante la ciudad por T-Mobile explicaba que los niveles de radiofrecuencia a nivel de suelo en el Hotel Royan serían del menos del uno por ciento del límite que establece la FCC.
No obstante, el ingeniero que contrató T-Mobile para hacer el borrador del informe que se presentaría ante la ciudad, señala que las antenas en la azotea, las cuales hoy día emiten menos del 64 por ciento del límite, llegarán al limite de la FCC en un área de 17 pies de las antenas después de que T-Mobile instale las antenas propuestas. Aunque el área no tendrá un impacto en cualquier área de acceso público para discapacitados, los letreros de precaución se deberán colocar en los puntos de acceso a la azotea y los trabajadores tendrán que estar a cinco pies de distancia de la antena, según un informe del Departamento de Salubridad.
Dichos avances, en donde la cantidad de antenas puede llegar a exceder el límite en algunas áreas, así como la falta de estudios a largo plazo en la exposición a radiofrecuencias ha hecho que algunos residentes de la Misión sientan desconfianza. Y lo que es más, no son los únicos. Hace poco, Burlingame aprobó una prórroga en la colocación de nuevas torres para telefonía celular.
“Si alguien viniera y me pidiera firmar una petición para no tenerlas (las antenas propuestas), la firmaría”, dijo Jennifer D’Angelo.
D’Angelo, de 35 años de edad y dueña de Nooworks cuyo local está enfrente del hotel, expresó que las preocupaciones de salud ya la han hecho luchar el verano pasado en contra de la instalación de antenas inalámbricas cerca de su casa en el Western Addition.
“Tengo dudas, porque no estoy al tanto de lo que están haciendo”, añadió Lindsey Ríos, de 27 años de edad, mesera en Little Star Pizza el cual está enfrente del hotel. “Me he preguntado si es dañino”.
No obstante, la oposición continúa.
Doug Loranger, fundador del Sindicato para Barrios de San Francisco Libres de Antenas, escribió en un correo electrónico que los residentes de la Misión han tenido éxito en detener la instalación de antenas inalámbricas en la Iglesia de San Mateo sobre la calle 24, la subestación de PG&E en Harrison y el Safeway en las afueras de la Misión. En algunas de las victorias de los residentes se puso en evidencia que los proveedores de servicio inalámbrico ya poseen suficiente cobertura en dicha área.
“La mayor parte de los proveedores de servicio inalámbrico participan en algunas prácticas empresariales riesgosas. En dichos casos, la Comisión de Urbanismo no se ve obligada a otorgar un permiso para una nueva antena”.







