El Carlos Bar Cerrará por Ejercicio Ilegal en la Venta de Bebidas Alcohólicas

Carlos Club, el popular bar de clase trabajadora ubicado a lado de la estación del BART de la calle 24 —cuyo nombre nunca coincidió con el letrero de la entrada— sirvió su última bebida alcohólica el 30 de junio cuando el Departamento de Control de Bebidas Alcohólicas le suspendió indefinidamente su licencia para la venta de bebidas alcohólicas.

De acuerdo con Danielle Shafer, investigadora supervisora del departamento, una investigación de seis meses conducida en 2009 y 2010, encontró que el propietario del bar Carlos Gutiérrez y sus empleadas eran culpables por reparto de beneficios, o sea por contratar meseras que sirven tragos al presionar a los clientes a que compraran bebidas alcohólicas a un precio mayor del normal.

La investigadora vio a las meseras cobrarle a los clientes entre $5 y $10 dólares más del precio estándar del bar y repartir las ganancias con el propietario. De acuerdo con Shafer, esta práctica es común en Asia y en Latinoamérica, pero es ilegal en San Francisco.

En octubre de 2010, un investigador encubierto mencionó al bar Carlos Club por haber “permitido que una empleada presionara a un cliente para que le comprara alcohol para su propio consumo” [PDF], una práctica que pasa desapercibida en muchas partes de Latinoamérica, en donde es común que los hombres compren tragos a empleadas y en algunos casos paguen para bailar con ellas. En San Francisco es ilegal que los trabajadores del bar beban mientras trabajan.

El bar continuó operando a pesar de las acusaciones ya que los propietarios Carlos y Rosa Gutiérrez pidieron debido proceso. El caso pasó a una audiencia administrativa en el mes de marzo, y el tribunal falló en contra de los propietarios.

Los funcionarios del departamento no están seguros de cuánto tiempo el establecimiento ha estado haciendo esto de manera ilegal, o si ha habido actividad sospechosa. La última vez que el bar salió en las noticias locales parece haber sido en 2005, cuando entró en conflicto con las leyes de salario mínimo de la ciudad.

Shafer opinó que la oficina decidió anular la licencia de licor del bar por 12 meses, hasta que el permiso se le transfiera a otro dueño o ubicación.

Aunque la licencia de alcohol fue revocada se puede transferir, explicó Shafer.

A menos de que un nuevo dueño decida tomar cargo del bar en el 3278 de la calle 24, el lugar permanecerá cerrado hasta que se presente una nueva solicitud y los funcionarios municipales así como el departamento de Control de Bebidas Alcohólicas la aprueben.

Carlos y Rosa Gutiérrez obtuvieron la licencia por primera vez para servir licor en 1979, alrededor del mismo tiempo en que abrieron el bar Carlos Club. Desde entonces, el bar ha sido un lugar de preferencia para latinos, en especial inmigrantes recién llegados, que buscan relajarse después de un largo día de trabajo.

El 4 de julio, Jesús Navarro, de 36, se encontraba desconcertado de pie afuera de las puertas encadenadas. No estaba al tanto de los problemas del bar, y había llegado por un trago en un día caluroso.

“No he visto nada raro”, dijo Navarro, “vengo a disfrutar de una cerveza y a escuchar música, pero supongo que tendré que ir a algún otro lado”.

 

 

 

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